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EDUCATION: Holt High School, Holt Mich., Lansing Community College, Southwestern Theological Seminary, National Apostolic Bible College. MINISTERIAL EXPERIENCE:61 years of pastoral experience, 11 churches in Arizona, New Mexico and Florida. Missionary work in Costa Rica. Bishop of the Districts of New Mexico and Florida for the Apostolic Assembly. Taught at the Apostolic Bible College of Florida and the Apostolic Bible College of Arizona. Served as President of the Florida Apostolic Bible College. Served as Secretary of Education in Arizona and New Mexico.EDUCACIÓN:Holt High School, Holt Michigan, Lansing Community College, Seminario Teológico Southwestern, Colegio Bíblico Nacional. EXPERIENCIA MINISTERIAL:51 años de experiencia pastoral, 11 iglesias en los estados de Arizona, Nuevo México y la Florida. Trabajo misionera en Costa Rica. Obispo de la Asamblea Apostólica en los distritos de Nuevo México y La Florida. He enseñado en el Colegio Bíblico Apostólico de la Florida y el Colegio Bíblico Apostólico de Arizona. Presidente del Colegio Bíblico de la Florida. Secretario de Educación en los distritos de Nuevo México y Arizona.

Tuesday, February 17, 2015

¿DONDE ESTA SU TESORO?


“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Mateo 6:19-21


“Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.” Lucas 12:13-21


Cuando piensa de toda la ansiedad, congoja, tensión y daño físico que viene como un resultado directo de nuestra búsqueda frenética de las posesiones, uno tiene que admitir que parece de hecho como que si el dinero es la cosa más importante en el mundo. Argumentos sobre el dinero son la causa primaria de tensión matrimonial entre parejas. Los periódicos cuentan de gente quien se mata el uno al otro sobre el dinero y cosas, para decir nada de esos quien literalmente se están matando ellos mismos en su búsqueda frenética de logros y la acumulación.


Es una inclinación natural en la mayoría de nosotros de conseguir cosas, rodearnos con posesiones materiales. ¡Si solo tuviera una casa mejor, un sueldo mejor, un carro mejor, que mejor fuera la vida! ¡Quizás! Pero no hay ninguna garantía. porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”


Cuántos de nosotros no hemos dicho en un tiempo u otro, “Si nomás tuviere un millón de dólares, yo compraría esto y eso, o hiciera esto y aquello.” El aspecto duro del dinero y las posesiones materiales es que necesitamos una cierta cantidad de ellos para vivir. Nuestras posesiones enriquecen nuestras vidas en maneras innumerables. Pero, como hemos notado, nuestras posesiones también pueden hacernos miserables. ¿Qué es lo que hace la diferencia? Esa es la pregunta detrás de la escritura de hoy, acerca de las posesiones.


Si trazaremos la vida humana, notando las preocupaciones predominantes a cada etapa en la peregrinación de la vida, la preocupación sobre posesiones materiales marcaría cada paso a lo largo del camino. El adolescente, en un intento desesperado de ser aceptado como uno del grupo, compra zapatos especiales y ropa que son “De moda”. La calidad no es la meta en estas compras. La cosa principal es comprar cosas que aseguraran la popularidad. A una edad temprana, venimos a asociar las posesiones como la manera de ganar amigos y lograr un sentido de bienestar personal. El colegiante, que a menudo crítica a sus padres por sus preocupaciones con la casa, carro, trabajo y el prestigio, anhela un carro nuevo, el mejor estéreo para su dormitorio. El “se quema las cejas” con esperanzas de lograra mejores grados para que después pueda conseguir un trabajo que paga bien que renda un ingreso suficiente para satisfacer sus expectativas. La pareja quien descuida sus hijos para realizar cada deseo material posible para ellos. Ellos están llenos de ansiedad sobre el futuro de una vida de acumulación. ¿Es vida esto?


Un hombre viene a Jesús y le pide que resuelva una disputa sobre una herencia. Pero Jesús no se envuelve en la disputa de esta familia sobre el dinero. En cambio, Él usa esta ocasión para advertir a todo mundo, Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” Mirad que los deseos vanos de hoy no llegan a ser las necesidades de mañana. Mirad que las cosas sin valor en la vida no excluyen las cosas que valen la pena en la vida. Eso es frecuentemente la manera que es con el dinero.


Aquí tenemos a dos hermanos que han llegado a ser alienados el uno del otro sobre una herencia. ¿Ha conocido alguna familia que le ha sucedido esto? Alguien, una vez me dijo, “La mejor cosa que los padres puede hacer para sus hijos es gastar todo su dinero mientras viven y no dejar nada para que la familia no se destruya después en una disputa sobre la herencia.” ¡Que triste ver una familia dividido sobre posesiones! ¡Qué triste es ver una vida corrompida o destruida en búsqueda de la abundancia de algo que, mientras es importante, no puede exclusivamente conducir a una vida abundante!


Aquí está un hombre quien podemos llamar la personificación del éxito. El ha levantado su negocio de la nada a una aventura prospera. El ocupa un lugar en la directiva de dos corporaciones y sirve como un síndico de una universidad grande. Le pudiéramos llamar un ciudadano ejemplar. Pero Dios podría llamarle a este excelente, persona prospera un necio, un hombre quien pensaba que tenía tanto, pero en realidad tenía nada. Todos sus logros financieros, sus graneros llenos, sus acciones y bonos, sus cuentas bancarias, ¿de qué le sirven ahora que el ángel de la muerte le llama y respira su último? Este hombre quien en los ojos del mundo aparece tan sabio es en la realidad muy tonto. El, alocadamente pensó que sus riquezas le podían escudar de la muerte. “Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”


Ponemos nuestro dinero en un plan de retiro para asegurarnos contra problemas cuando lleguemos a ser ancianos. Instalamos un sistema de alarma contra ladrones para proteger nuestras posesiones. Construimos casas grandes, graneros más grandes, y cuentas más grandes de ahorros.  Les pasamos cosas a nuestros herederos para que ellos también puedan construir graneros más grandes, cuentas más grandes de ahorros. Pero, cuando la muerte nos llama, ¿qué entonces? “¿y lo que has provisto, de quién será?  


Considerad los lirios, dijo Jesús. Vea su belleza, su exuberancia. Aun, ¿qué han hecho para merecer su belleza? Su gloria viene como un regalo de Dios. “No temáis,” dice Jesús. Pero esto es más fácil decir que hacer. La ansiedad sobre las cosas materiales es una fuente principal de problemas emocionales y físicos de salud. A veces nuestra ansiedad es relacionada con temores sobre proveer por las necesidades básicas de la vida. A menudo está relacionado con temor sobre obtener cosas que no son en ninguna manera necesarios para nuestra supervivencia.


Recientemente, se tomo una encuesta y se les pregunto a la gente, “¿Está usted más feliz hoy que era hace diez años?” ¿Por qué es que la gente no se siente más feliz y más financieramente prósperos? La razón se debe a lo que se llama “El fenómeno nivel de adaptación.” Esto significa que nuestros niveles de expectativa en la vida se adaptan a nuestros niveles de logro. Simplemente dicho, entre más tenemos, más queremos. Nuestros ingresos pueden haber subido. Pero nuestro ingreso nunca sube tan rápido como nuestras expectativas. Con razón, que mientras intentamos “hacernos tesoros,” estamos condenados a la infelicidad perpetua. Nunca podemos conseguir lo suficiente que queremos. Podemos conseguir lo que necesitamos, pero lo que nosotros queremos es otra cosa. Si Dios les da a los lirios del campo lo que necesitan, estas plantas frágiles “que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno,” ¿cuánto más a nosotros, suplirá Dios nuestras necesidades? Pero, nuestros deseos, no nuestras necesidades, es nuestro gran problema.


Mientras Jesús tal vez no tuvo posesiones propias, Él sabía el poder que las cosas materiales podían tener sobre la gente. “Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” La chequera de una persona nos puede decir mucho de su corazón como cualquier otra cosa. Jesús no tuvo ilusiones sobre la naturaleza humana. Él supo que nuestros corazones tienden a estar dondequiera que este nuestro dinero.



“No os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.” No permitas que la búsqueda de posesiones materiales se vuelva en una obsesión. No dejes que su vida sea consumida con una pasión para las cosas que no satisfacen finalmente. ¿Por qué hablo Jesús tanto sobre posesiones materiales? Porque reconocía la locura y la desilusión que viene a esos quien confían en las “cosas” más que en Él. “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:25-34).    

WHERE IS YOUR TREASURE?



Lay not up for yourselves treasures upon earth, where moth and rust doth corrupt, and where thieves break through and steal: But lay up for yourselves treasures in heaven, where neither moth nor rust doth corrupt, and where thieves do not break through nor steal: For where your treasure is, there will your heart be also.” (Matt. 6:19-21)


“And one of the company said unto him, Master, speak to my brother, that he divide the inheritance with me. And he said unto him, Man, who made me a judge or a divider over you? And he said unto them, Take heed, and beware of covetousness: for a man’s life does not consist in the abundance of the things which he possess. And he spoke a parable unto them, saying, The fields of a certain rich man brought forth plentifully: And he thought within himself, saying, What shall I do, because I have no room where to bestow my fruits? And he said, This will I do: I will pull down my barns, and build greater; and there will I bestow all my fruits and my goods. And I will say to my soul, Soul, thou hast much goods laid up for many years; take your ease, eat, drink, and be merry. But God said unto him, Thou fool, this night thy soul shall be required of thee: then whose shall those things be, which thou hast provided? So is he that lays up treasure for himself, and is not rich toward God.” (Luke 12:13-21)


When you think of all the anxiety, grief, stress, and physical harm that come as a direct result of our frantic pursuit for possessions, one must agree that it does indeed seem as if money is the most important thing in the world. Arguments about money are the primary cause of marital stress among couples. The newspapers tell of people who kill one another over money and things, to say nothing of those who are literally killing themselves in their frantic pursuit of achievement and accumulation.


It is a natural inclination in most of us to get things, to surround ourselves with material possessions. If only I had a better house, a better salary, a better car, how much better life would be! Perhaps! But there is no guarantee. Jesus said, “A man’s life does not consist in the abundance of his possessions.”


How many of us have said at one time or another, “If I only had a million dollars, I would buy this and that, or do this and that. The tough aspect of money and material possessions is that we need a certain amount of them in order to live. Our possessions enrich our lives in countless ways. But, as we have noted, our possessions can also make us miserable. What makes the difference? That is the question behind today’s scripture concerning possessions.


If we were to chart human life, noticing the predominant concerns at each stage in life’s pilgrimage, concern about material possessions would mark each step along the way. The teenager, in a desperate attempt to be accepted as one of the crowd, buys special shoes and clothes which are “in” at the moment. Quality is not the goal in these purchases. The main thing is to buy things that will ensure popularity. At an early age, we come to associate possessions as the way to win friends and to achieve a sense of personal well-being.


The college student, while sometimes putting down his parents’ preoccupation with house, car, job and prestige, longs for the best car, the best stereo in the dorm. He “burns the midnight oil,” in hopes of getting good grades to get a high paying job that will yield a sufficient income to meet his expectations. The couple who neglect their children in order to fulfill every possible material desire for their children. They are filled with anxiety over the future of a lifetime of accumulation. Is this life?


A man comes to Jesus and asks him to settle an inheritance dispute. But Jesus doesn’t get involved in the brothers squabble over the money. Instead, he uses this as an occasion to warn everyone, “Take heed, and beware of all covetousness, for man’s life does not consist in the abundance of his possessions.” Take heed lest today’s vain desires become tomorrow’s necessities. Take heed lest the worthless things in life crowd out the worthwhile things in life. That’s often the way it is with money.


Here we have two brothers who have become alienated from each other over an inheritance. Have you ever known that to happen in a family? Someone once told me, “The best thing a parent can do for his or her children is to spend all the money while they are alive and leave nothing so that the family will not be destroyed later in a dispute over the inheritance.” How sad to see a family torn apart over possessions! How sad to see a life corrupted or destroyed in pursuit of the abundance of something which, while important, cannot alone lead to an abundant life!


Here is a man whom we might call the epitome of success “the American way.” He has built his business up from nothing into a thriving, prosperous venture. He sits on the boards of two corporations and serves as a trustee at a major university. We would call him a model citizen. But god might call this fine, prosperous person a fool, a man who thought he had so much but in reality had nothing. All his financial achievements, his full barns, his stocks and bonds, his bank accounts, what good do they do him as the angel of death calls him and he breathes his last? This man who in the eyes of the world appears so wise is in reality very foolish. He foolishly thought that his wealth could shield him from death. “So is he who lays up treasure for himself, and is not rich toward God”


We put our money in an IRA to insure against problems when we grow old. We install a burglar alarm system to protect our possessions. We build bigger houses, bigger warehouses, and bigger savings accounts. We pass things along to our heirs so they can build even bigger barns, bigger savings accounts. But, when death calls us, what then? “And the things you have prepared, whose will they be?”


Consider the lilies, says Jesus. See their beauty, their luxuriance, yet what have they done to earn their beauty? Their glory comes as a gift from God. “Fear not,” Jesus says. But, this is easier said than done. Anxiety over our material things is a major source of emotional and physical health problems. Sometimes our anxiety is related to fears about providing for the basic necessities of life. Often it is related to fears over obtaining things that are in no way necessary for our survival.


Recently, Americans were asked by public opinion researchers, “Are you happier today than you were ten years ago?” Why don’t people feel happier and more financially prosperous? The reason is what is called the “adaptation level phenomenon.” This means that our levels of expectation in life adapt to our levels of achievement. Simply stated, the more we have, the more we want. Our incomes may have risen. But our income never rises as fast as our expectations. No wonder that as we attempt to “lay up treasure” for ourselves, we are doomed to perpetual unhappiness. We can never get as much as we want. We may get what we need, but what we want is another matter. If God gives the lilies of the field what they need, these fragile plants which are “alive in the field today and tomorrow are thrown into the oven” how much more will God supply our needs? But our wants, not our needs, are our big problem.


While Jesus may not have had possessions of his own, He knew the power that material things can exercise over people: “For where your treasure is, there will your heart be also.” A person’s checkbook can tell us as much as anything else about their heart. Jesus had no delusions about human nature. He knew that our hearts tend to be wherever our money is.


"Do not be overly concerned about what you are to eat and drink." Do not let the pursuit of material possessions become an obsession. Don’t let your life be consumed by a passion for things that do not ultimately satisfy.  Why did Jesus talk so much about material possessions? Because He recognized the foolishness and disappointment that come to those who trust in “things” rather then in Him. “Seek first the kingdom of God, and his righteousness and He will take care of the rest (Matthew 6:25-34).
 


Monday, February 9, 2015

MADURANDO EN CARÁCTER



“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.”  Filipenses 3:12


Vivimos en un día de fórmulas instantáneos que supuestamente pueden ser aplicadas a todo bajo el sol desde cenas de microondas a “como enriquecerse” en tres lecciones fáciles. Nuestra “sociedad de botón” y edad computarizado nos ha condicionado para pensar en soluciones rápidas y fáciles a una multitud de problemas.


 Cuando se trata de la madurar del carácter, algunos han caído víctima también a ese tipo de pensamiento instantáneo. Sed “llenos del Espíritu,” dicen algunos y “¡ése es el secreto a la vida  victoriosa!” “Debe abandonar y crucificar el Yo,” dicen otros, “y entonces usted subirá de repente a un nivel nuevo de espiritualidad.” Todavía, otros dicen “descubre sus Dones Espirituales y empieza a funcionar en el cuerpo de Cristo.” Junto con estas ideas, por supuesto, va la lectura de la Biblia y fórmulas de la oración. Ahora todas estas declaraciones son dignas de consideración cuidadosa. Pero en sí mismos son generalizaciones vagas que frecuentemente confunden a cristianos nuevos y viejos igual. No hay ningún atajo para llegar a ser un creyente maduro, se toma tiempo y esfuerzo para llegar a ser la persona que Dios quiere que seamos.


¿Como se conoce a un creyente maduro? Ésta no es una pregunta nueva. Esto era un problema en el tiempo de los apóstoles. Cuando Timoteo permaneció en Efeso para ayudar a los nuevos creyentes que madurar, el se encaro con personas que querían ser maestros y líderes en la iglesia. El Apóstol Pablo aplaudió a esos que querían trabajar en la obra de Dios. “Buena obra desea,” escribió el apóstol (I Timoteo 3:1). “Pero,” él implicó, “estar seguro que sea cierto tipo de persona.” Tito, también, se encaro con esta problema en Creta (Tito 1:5).


Los dos pasajes en las cartas del Apóstol Pablo a Timoteo y Tito forman un perfil poderoso para probar el nivel de madurez de un creyente. (I Timoteo 3:1-7; Tito 1:1-10). La siguiente es una lista combinada de estos requisitos espirituales:


      1. Irreprensible                                               9. No pendenciero
      2. No iracundo                                               10. No contencioso
      3. Templado                                                   11. Manso
      4. Prudente                                                    12. Libre del amor de dinero
      5. Respetable                                                 13. Uno quien administra bien su familia
      6. Hospedador                                               14. Una reputación buena con esos afuera de la iglesia
      7. Devoto                                                        15. Amador de lo bueno
      8. No soberbio                                                16. Justo


El Apóstol Pablo fue más allá de las generalizaciones de esas características específicas que son marcas de un cristiano maduro. Esta es una persona que ha madurado por un proceso de desarrollo y crecimiento sobre un período de tiempo. Ha aprendido a reflejar a Jesucristo en su estilo de vida total.


Seguramente se implica que esta persona “se ha despojado del hombre viejo” y “se ha vestido del nuevo”. Él ha abandonado esas actitudes y modos de comportamiento que estaban conectados con su estilo de vida anterior, y ha adoptado esas actitudes y modelos del comportamiento que son los de Cristo. Pero también es obvio que esto ha sido el resultado de un proceso de llegar a ser más y más conforme a la imagen de Cristo.
 Usted notará que en esta lista entera no hay referencia a Dones Espirituales. El Apóstol Pablo no dijo  busca a una persona con Dones Espirituales. De hecho, hay muy poca referencia a una capacidad o una habilidad. Más bien, de los veinte requisitos enumerados, diecinueve de ellos tienen que ver con la reputación del creyente, su ética, moralidad, temperamento, hábitos, y madurez espiritual y psicológica. Y el otro tiene que ver con su capacidad de dirigir su propia familia.


Algunos creyentes tienen la idea que ellos deben descubrir sus Dones Espirituales antes que ellos pueden empezar a servir dentro del cuerpo de Cristo. Desafortunadamente, esto es poner la carreta antes del caballo. La Biblia enseña que debemos empezar por madurar nuestro carácter. Debemos asegurarnos que hemos desarrollado las calidades que  son especificadas por el  Apóstol Pablo.


Debemos todos fijarnos como una meta para nuestras vidas el desarrollo de las características especificadas por el Apóstol Pablo. Es relativamente fácil de evaluar la aptitud de un creyente que desea  trabajar por el Señor en la base de criterios académicos. Él puede tener muchos talentos y habilidades, pero no calificaciones básicas. El Señor más bien preferiría tener una persona quien es calificado espiritualmente y psicológicamente que uno quien tiene mucha habilidad y es todavía carnal. El cristiano que tiene las calidades mencionados por el Apóstol Pablo puede desarrollar rápidamente habilidades y usarlos para la gloria de Dios. Necesitamos todo el entrenamiento que podemos conseguir. Pero en todo nuestro entrenamiento si no desarrollamos calificaciones básicas para la madurez espiritual, no estamos preparados seguramente para ser un discípulo de Dios.


Hemos escogido estas características de I Timoteo y Tito por las siguientes razones: En primer lugar, aparecen  ser normativo para la madurez del cristiano. Se mencionan con respecto a las personas quienes han de funcionar dentro del cuerpo de Cristo. La segunda razón por seleccionar estas características es que aparecen ser calidades que cada creyente debe esforzarse a tener.


Un creyente maduro “no aparece repentinamente.” Se toma tiempo, es un proceso que no es completo hasta que estamos con Cristo. Pero hay un nivel definido de madurez que es discernible, ambos por el creyente quien evalúa su propia vida así como también esos quien se asocia con él. Él es reconocible.


¿“En dónde empiezo?” La respuesta es tomar cada una de estas características, entender lo que significa, y luego establecer cada uno como una meta para su vida. Entonces proceder momento por momento y día a día para convertirse en el creyente maduro que Dios quiere.



MATURING IN CHARACTER



 “Not that I have already obtained all this, or have already arrived at my goal, but I press on to take hold of that for which Christ Jesus took hold of me.” Philippians 3:12


We live in a day of instant formulas that supposedly can be applied to everything under the sun from microwave dinners to “how to get rich” in three easy lessons. Our “push button society” and computerized age have conditioned us to think of quick and easy solutions to a multitude of problems.


When it comes to maturing our character, some have also fallen prey to this instantaneous type thinking. Be “filled with the Spirit,” say some and that is the secret to spiritual maturity! “You must abandon and crucify self,” say others, and then you’ll suddenly rise to a new level of spirituality. Still, others say “discover your spiritual gifts” and begin to function in the body of Christ. Along with these ideas, of course, go the Bible reading and prayer formulas. Now all of these statements are worthy of careful consideration. But in themselves they are vague generalizations that frequently confuse new and older Christians alike. There is no shortcut to “becoming a mature child of God, it takes time and effort to become the person that God wants us to be.


How do you recognize a mature believer? This is not a new question. This was a problem in New Testament days. When Timothy stayed in Ephesus to help the new believers mature, he came face to face with men who wanted to be teachers and spiritual leaders in the church. Paul commended those who wanted to lead. “It is a fine work he desires to do,” wrote the apostle (I Timothy 3:1). “But,” he implied, “make sure he is a certain kind of person.” Titus, too, faced this problem in Crete (Titus 1:5).


The two passages in the Apostle Paul’s letters to Timothy and Titus form a powerful profile for testing a believers maturity level (I Tim. 3:1-7; Titus 1:1-10). The following is a combined list of these qualifications:


      1. Above reproach                                                11. Not pugnacious
      2. Devout                                                              12. Uncontentious
      3. Temperate                                                        13. Gentle
      4. Prudent                                                            14. Free from the love of money
      5. Respectable                                                      15. One who manages his own household well
      6. Hospitable                                                        16. A good reputation with those outside the church
      7. Not quick tempered                                        17. Love what is good
      8. Not self-willed                                                 18. Just


The Apostle Paul got beyond generalizations to those specific characteristics that are marks of a mature believer. Here is a person who has matured through a process of spiritual growth and development over a period of time. He has learned to reflect Jesus Christ in his total life style.


It is certainly implied that this person “has put off the old man” and “put on the new.” He has abandoned those attitudes and behavioral patterns that were connected with his former life style, and has adopted those attitudes and behavioral patterns that are Christ like. But it is also obvious that this has been the result of a process of becoming more and more conformed to the image of Christ.


You will note that in this entire list there is no reference to spiritual gifts. The Apostle Paul did not say look for a person with spiritual gifts. In fact, there is very little reference to an ability or a skill. Rather, out of the twenty qualifications listed, nineteen have to do with a person’s reputation, ethics, morality, temperament, habits, and spiritual and psychological maturity. And the other one has to do with his ability to lead his own family.


Some Christians have the idea that they have to discover their spiritual gifts before they can begin in the ministry. Unfortunately, this is putting the cart before the horse. The Bible teaches that we must begin by maturing in our character. We must make sure we have developed the qualities that are specified by the Apostle Paul.


We should all set as a goal for our lives the development of the characteristics specified by the Apostle Paul. It is relatively easy to evaluate a believers fitness to work for the Lord on the basis of academic criteria. He may have many talents and skills, but not basic qualifications. The Lord would rather have a person who is qualified spiritually and psychologically than one who has lots of skill and is yet carnal. A believer who has the qualities set forth by the Apostle Paul can quickly develop skills and use them for the glory of God. We need all the training we can get. But in all our training if we do not develop basic qualifications for spiritual maturity, we are certainly unprepared to be a disciple of God.


We have chosen these characteristics from I Timothy and Titus for the following reasons: First, they appear to be normative for Christian maturity. They are qualifications for people who desire to function in the ministry of the body of Christ.


The second reason for selecting these characteristics is that they appear to be qualities that every believer should strive for. These qualities should be our goals. A third reason for choosing these characteristics is because these qualities form a composite profile that is complete and comprehensive.


A mature believer dose not “suddenly appear.” It takes time, a process that is not complete until we are with Christ. But there is a definite level of maturity that is discernible, both by the individual who is evaluating his own life as well as those who associate with him. He is recognizable


“Where do I begin?” The answer is to take each of these characteristics, understand what it means, and then set up each one as a goal for your life. Then proceed moment by moment and day by day to become the mature believer that God wants.



Tuesday, February 3, 2015

EL DÍA DE SAN VALENTÍN



“Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones…Porque las costumbres de los pueblos son vanidad…” (Jeremías 10:2-3)

El día 14 de Febrero se le llama por algunos “El Día de los Enamorados”, pero históricamente es conocido como el día de “San Valentín”. En cualquier enciclopedia y casi en cualquier diccionario, vemos que el Cupido romano era el mismo Eros griego, símbolos ambos, del amor sensual. Cupido fue dios de los romanos y esto explica el que la Institución Católica Romana lo haya puesto en el calendario Gregoriano, sólo que con el nombre de “San Valentín,” el 14 de Febrero, haciendo una mezcla de religiones paganas.

En la religión griega fueron rejuveneciendo al dios Eros, hasta que llegó a ser un infante en la época helénica. Las palabras “erotismo” y “erótico” vienen precisamente de la palabra griega “eros” y el principal centro de culto de este dios fue en Boeotia, Thespiae, donde se celebraban en su honor las “Erotidias” (Grandes orgías con desenfrenos sexuales eróticos de todo tipo), pero también compartió un santuario con Afrodita (diosa griega de la fecundidad, la belleza y el amor), en la parte norte de la Acrópolis de Atenas y esto no nos extraña, dado que dicha diosa griega era su madre (madre de Eros o Cupido) y que al igual que éste, ha tenido distintos nombres, según el país que las ha adoptado. Así, en la historia encontramos a Eros como hijo de Astarot, hijo de Iris, hijo de Afrodita, hijo de Venus, etc. Es que madre e hijo han sido representados a través de los siglos por distintas culturas y en maneras distintas y similares.

Así también, vemos a Eros como el dioses eslavo Yarilo y Kupala (Yarilo viene del adjetivo yari que significa ardiente, apasionado, incontrolable). Encontramos el culto a Yarilo profundamente arraigado entre paganos eslavos, hasta finales del siglo 18; éste era el dios de la primavera y la fertilidad y por ello, honrado en la primavera, durante la siembra. En Inglaterra se comenzó a popularizar la celebración y el envío de tarjetas de San Valentín en el siglo 14, a causa de que el poeta Geoffrey Chaucer, mencionó que es en Febrero 14 cuando los pájaros comienzan aparearse. Los jóvenes ingleses todavía acostumbran en esta fecha intercambiar cartas anónimas llenas de requiebros y sátiras y cabe mencionar que la palabra inglesa “sow” significa “sembrar” y “hacer travesuras juveniles”, en lo que vemos también la relación de los dioses Yarilo y Kupala (dioses de la siembra) con el Valentín de las travesuras juveniles. Kupala significa bañar y en el mes de junio, los eslavos se bañaban en los ríos, y ahogaban a su ídolo al ponerse el sol o lo quemaban. En el culto a Kupala era esencial la adoración a árboles y este mismo dios era adorado por los Serbios, quienes sólo lo quemaban.

Así podemos darnos cuenta de la verdadera identidad del “Valentín” o “Cupido” que viene  siendo el mismo hijo de la diosa Afrodita, o Astarot (Jueces 2:13-14; 10:6), o Semiramis, o Diana; esta última representada, igual que su hijo, con un arco y flechas, conociéndosele como la diosa de los bosques y las cacerías (La Diana Cazadora). Esto de las flechas de Cupido, tiene varias historias que también han variado según la cultura, historias que se resumen en una relación incestuosa y por demás anormal entre madre, hijo y nuera, en la que interviene el corazón, simbolizando el amor profano.

El amor sexual siempre ha sido los ingredientes esenciales en la observancia del Día de San Valentín. Esto era cierto en la  Roma antigua, durante la Edad media, y es cierto hoy. Además, la fecha de a mediados de febrero de esta observancia no se ha cambiado. Sólo el nombre se ha cambiado, siendo que el 14 de febrero es la víspera del festival romano originalmente llamado Lupercalia.

El Valentine de los días romanos fue menos refinado que su celebración moderna. Después del sacrificio de cabras y un perro, los sacerdotes, llamados Luperci, tradicionalmente corrían, en dos grupos, un curso marcado alrededor de la ciudad durante este día, escasamente vestido sólo en fajas de piel de cabra y llevaban tiras de piel de cabra con la cual ellos golpeaban a mujeres para quitarles su infertilidad. Las tiras llevaba el nombre de "Februa", una palabra relacionada con Februare, “purificar,” por tanto el día fue llamado “Februatus” y el mes Febuarius.
El Lupercalia era, o se hizo, relacionado con la lupa legendaria (lupus-lobo latino) quién amamantó Remus y Romulus, los fundadores epónimos de Roma; y "el lobo" era un sinónimo en Roma para una mujer sexualmente disponible. Entonces el día se hizo relacionado con Venus, la diosa del amor sexual. El hijo de Venus, Cupido también desempeñó un papel importante en este banquete de amor.

La mitología romana asigna a madre e hijo el poder de infundir la pasión a la gente, y con su poción de amor ellos también tenían el poder de hacer el amor cesar.  Cupido es interpretado a menudo disparando flechas a los corazones de las víctimas desventuradas. Por lo general desnudo, con alas  y armado con un arco y flecha, Cupidos todavía son pintados en tiempos modernos en las tarjetas de San Valentín.

Como bien se puede imaginar, un festival indecente de sexo y amor era popular entre las masas de Roma. La iglesia cristiana, por otra parte, no tenía ningún deseo de perpetuar Lupercalia y así intentaron de desarraigar esta fiesta de amor. Pero el intento se encontró con el fracaso. La población pagana del Imperio, así como muchos cristianos recientemente convertidos, siguió su observación.

Finalmente la iglesia decidió que la única manera que podría ser manejada este asunto era dejar que la gente del Imperio, incluyendo miembros de la iglesia, que seguirán guardando el banquete de Lupercalia, pero rededicarlo con otro objetivo. Esta política de compromiso religioso se utilizó muy efectivamente por los primeros padres de la iglesia católica.

Una vez que los emperadores romanos abrazaron el cristianismo, el crecimiento de iglesia se hizo explosivo. A fin de convertir rápidamente el pueblo pagano, la iglesia sintió que no podía ser duro con los futuros miembros. Algunos líderes de la iglesia razonaron que si el cristianismo debía conquistar el mundo, esto podría hacerse mejor por relajando lo que el mundo percibió como principios demasiado rígidos de las enseñanzas de Cristo.

Otra manera efectiva de ganar miembros fue de mezclar e incorporar creencia y practicas paganas con practicas cristianas, sincretismo. Viendo que las masas no podían ser persuadidas a abandonar muchas de sus costumbres supersticiosas, el intento se hizo para agregar conceptos cristianos a las fiestas supersticiosas. El desarrollo histórico de la iglesia cristiana muestra que, para casi cada ceremonia pagana, algún rito cristiano fue introducido.

Por lo tanto, a partir de 496 D.C., el populacho romano todavía podía llegar a su fiesta de amor, ya no dedicado a Venus, la diosa del amor, pero a la Virgen María y los santos. El Lupercalia fue oficialmente bautizado “El Día de San Valentín.” La atención de las masas en cada 14 de febrero debía ser centrada ahora en los santos cristianos. La gente todavía podría echar suertes para sus 'Valentinos', pero con los nombres de santos escritos en ellas en su lugar.

El nombre fue elegido porque los archivos de la iglesia del tercer siglo manifestaban que ya había una tradición acerca de cierto presbítero llamado Valentín que se había casado parejas en secreto contra el edicto del Emperador Claudius II y que había sido ejecutado por hacerlo. El había sido elevado a la canonización, y como sucedió, su día de conmemoración fue el 14 de febrero, el mismo día de Lupercalia. De este modo Gelasivs, obispo de Roma, oficialmente Cristianizo Lupercalia y lo renombro “Día de San Valentín.” 

Cuando los protestantes entraron en la escena, San Valentín cayó en el fondo, ya que los protestantes no tienen el concepto de que los santos son dignos de celebración. La gente volvió al escoger de los nombres de jóvenes y jovencitas ordinarios que se elegían compañeros para la celebración. Los santos y el cristianismo nunca se habían hecho una parte principal del festival.

Cupido estaba todavía allí. También los corazones con las flechas. Todavía se escogía nombres como la oportunidad dirigiera, el día era todavía el día romano original y era tan popular como siempre. A finales de la Edad Media mucho folclore se desarrolló, como la creencia que se dijo que aves apareaban el 14 de febrero. También se sostuvo que la primera persona del sexo opuesto que uno encontraba en la mañana del Día de San Valentín se convertiría en su futuro cónyuge. Las pociones de amor eran considerados especialmente potentes en este día. 


Al participar en las prácticas de San Valentín o Cupido, aunque hayan sido modificadas por el paso de los años y se presenten dulces y románticas, estamos desagradando a Dios, así como cuando se disgustó con la gente que sirvió a Astarot (Jueces 10:6-7). Si decimos que servimos al Dios verdadero, más vale que lo hagamos teniendo en cuenta I Samuel 7:3:Habló Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará de la mano de los filisteos.”

SAINT VALENTINE’S DAY



“Thus saith the Lord, Learn not the way of the heathen…For the customs of the people are vain…” (Jeremiah 10:2-3)

February 14 is called by some, Valentine's Day, but it is historically known as the day of Saint Valentine. In any encyclopedia and almost in any dictionary, we see that the Roman Cupid was the same Greek Eros, symbols both, of sensual love. Cupid was a god of the Romans and this explains why the Roman Catholic Institution put it in the Gregorian calendar, only with the name of “Saint Valentine,” on February 14, doing a miscellany of pagan religions.

In the Greek religion they were rejuvenating the god Eros, until he became an infant in the Hellenic era. The words “eroticism” and “erotic” come precisely from the Greek word “Eros”, and the main center of worship of this god was in Boeotia, Thespiae, where they celebrated in his honor  the "Erotidias" (great orgies with erotic sexual frenzies of all kinds), but he also shared a sanctuary with Aphrodite (Greek goddess of fertility, beauty and love), in the northern part of the Acropolis of Athens, and this does not surprise us, given that this Greek goddess was his mother (mother of Eros or Cupid) and as this one, he has had different names, according to the country that have adopted them. Thus, in history we find Eros as the son of Ashtaroth, son of Iris, son of Aphrodite, son of Venus, etc. And it is that mother and child have been represented through the centuries by different cultures and in different and similar ways.

In similar fashion, we see Eros as the Slavonic gods Yarilo and Kupala (Yarilo comes from the adjective yari that means ardently, passionately, uncontrollably). We find the worship of Yarilo deeply established among Slavonic pagans, until the end of the 18th century; this was the god of spring and of fertility and for this reason he was honored in the spring, at planting time. The celebration and the sending of cards of Saint Valentín became popular in England in the 14th century; because the poet Geoffrey Chaucer, mentioned that it is on February 14 when the birds begin to mate. English youth still accustomed on this day the exchanging of  anonymous letters full of flirtatious remarks and satires, and it is noteworthy to mention that the English word "sow" means "seeding" and “ to do juvenile escapades ”, this is also what we see in relation with the gods Yarilo and Kupala (gods of sowing) with the juvenile escapades of Valentín. Kupala means to bathe and in June, the Slavs would bathe in the rivers, and would drown their idol when the sunset or they would burn it. The worship of trees was essential in the worship of Yarilo and this same god was worshiped by the Serbian, who only burned it.

This way we can realize the real identity of Valentin or Cupid who is the same son of the goddess, Aphrodite or Ashtaroth (Judges 2:13-14; 10:6), or Semiramis, or Diana; the latter is represented, as her son, with a bow and arrow, known as the goddess of the forest and the hunt (Diana the Warrior). About Cupid's arrows, this has several stories which have also varied according to culture, histories that are summed up in an incestuous relationship and abnormal between mother, son and daughter-in-law, in which the heart intervenes, symbolizing the profane love.

Sexual love has always been the essential ingredients in the observance of Valentine’s Day. This was true in ancient Rome, during the Middle Ages, and it is true today. Moreover, the mid February date of this observance has not changed. Only the name has changed, since February 14 is the eve of the Roman festival originally called Lupercalia.

The Valentine of Roman days was less refined, however, than its modern celebration. After sacrifice of goats and a dog, the priests, called Luperci, traditionally ran, in two bands, a marked course around the city on this day, scantily dressed only in goatskin girdles and carrying strips of goat skin with which they struck women to take away their infertility. The strips bore the name “Februa,” a word connected with Februare, “to purify,” hence the day was called “Februatus” and the month Februarius.
Lupercalia was, or became, connected with the legendary she-wolf (Latin lupus-wolf) who suckled Remus and Romulus, the eponymous founders of Rome; and “wolf” was a synonym in Rome for a sexually available woman. So the day became connected with Venus, goddess of sexual love. Venus’ son Cupid also played an important part in this love feast.

Roman mythology ascribes to mother and son the power to instill passion in people, and with their love potion they also had the power to make love cease. Cupid is often portrayed shooting arrows into the hearts of hapless victims. Usually naked, winged and armed with a bow and arrow, Cupids are still portrayed in modern times on Valentine cards.

As can be well imagined, a bawdy festival of sex and love was popular with the masses of Rome. The Christian church, on the other hand, had no desire to perpetuate Lupercalia and so tried to uproot this love feast. But the attempt met with failure. The pagan population of the empire, as well as many recently converted Christians, continued its observation.

Eventually the church decided that the only way this matter could be handled was to let the people of the empire, including members of the church, continue keeping the Lupercalia feast, but to rededicate it for another purpose. This policy of religious compromise was used quite effectively by the early Catholic Church fathers.

Once the Roman emperors embraced Christianity, church growth became explosive. In order to quickly convert the pagan populace, the church felt it could not be hard on prospective members. Some church leaders reasoned that if Christianity was to conquer the world, it could best do so by relaxing what the world perceived as too rigid principles of the teachings of Christ.

Another effective way of gaining members was to blend and incorporate popular pagan beliefs and practices with Christian ones, syncretism. Seeing that the masses could not be persuaded to relinquish many of their superstitious customs, the attempt was made to add Christian concepts to the superstitious feasts. The historical development of the Christian church shows that, for almost every pagan ceremony, some Christian rite was introduced.

So, beginning with A.D. 496, the Roman populace could still come to their love feast, no longer dedicated to Venus, the goddess of love, but to the Virgin Mary and the saints. The Lupercalia was officially christened “Saint Valentine’s Day.”  The attention of the masses on each February 14 was now to be centered on Christian saints. People could still draw lots for their “Valentines,” but with the names of saints written on them instead.

The name was chosen because third century church records already revealed a tradition about a certain presbyter named Valentine who had married couples secretly against the edict of Emperor Claudius II and had been executed for doing so. He had now been elevated to sainthood, and as it happened, his day of commemoration was February 14, the same day as Lupercalia. So Gelasivs, bishop of Rome, officially Christianise Lupercalia and renamed it “Saint Valentine’s Day.”

When the Protestants came on the scene, Saint Valentine fell into the background, since Protestants did not hold to the concept that saints are worthy of celebration. People went back to drawing the names of ordinary young men and women choosing themselves partners for the celebration. Saints and Christianity had never become a major part of the festival.

Cupid was still there. So were the arrowed hearts. Lots were still drawn as chance directed, the day was still the original Roman day and it was as popular as ever. In the late Middle Ages a lot of folklore developed, such as the belief that birds were said to mate on February 14. It was also held that the first person of the opposite sex one encountered on the morning of Valentine’s Day was to become one’s future spouse. Love potions were considered especially potent on this day.


To participate in the practices of Valentine’s Day or Cupid, although they have been modified over the years and candies and romantic cards are given, we are displeasing God, as well as when He was upset with the people who served Ashtaroth (Judges 10:6-7). If we say that we serve the true God, it is best that we do so taking into account I Samuel 7:3: Then Samuel spoke to all the house of Israel, saying, “If you return to the Lord with all your hearts, then put away the foreign gods and the Ashtaroth from among you, and prepare your hearts for the Lord, and serve Him only; and He will deliver you from the hand of the Philistines.” 

Tuesday, January 27, 2015

¿POR QUE, DIOS?


“¿Hasta cuándo, Señor, te llamaré y no me harás caso? ¿Hasta cuándo clamaré a ti por causa de la violencia, y no vendrás a salvarnos? ¿Por qué permites que vea yo iniquidad? ¿Por qué me haces espectador del mal? ¡Sólo veo destrucción y violencia! ¡Ante mis ojos surgen pleitos y contiendas!... Si por la pureza de tus ojos no soportas ver el mal ni los agravios, ¿por qué soportas ver a quienes nos desprecian? ¿Por qué callas cuando los impíos destruyen a quienes son más justos que ellos?” (Habacuc 1:2-3, 13)


Los problemas son parte de la vida (Juan 16:33). Todos tenemos nuestros problemas particulares que nos afectan. “Todo obra para bien...” (Romanos 8:28), hay personas que les gusta citar esta porción de la Escritura a los que están pasando por una problema. ¿Pero en verdad, cuantos lo han puesto a prueba en su vida? La tendencia común es preguntar, “¿Por qué, Dios? ¿Por qué, yo?” cuando parece que todo esta en nuestra contra. En vez de amar a Dios y confiar en El cuando las cosas van mal, recurrimos a tenernos lástima a nosotros mismos. Pero teniéndose lástima no le ayudara salir de su situación. Eventualmente, usted se va desalentar o amargarse contra la vida y contra Dios.

El primer verso de Habacuc nos da a saber el estado mental que se encontraba el profeta. (1:2-4), Habacuc no se estaba quejando contra Dios, pero más bien el se estaba quejando a Dios. El sabia que Dios era justo en todo lo qué Él hacia. Pero él no podía comprender por qué, Dios permitía la situación que persistiera. Él en un sentido estaba diciendo, “¿Por cuanto tiempo permitirás que el malvado prospere?” “¿Por qué no haces algo?” En un tiempo u otro todos nos encaramos con esta misma pregunta. ¿Por qué es que Dios permite que la gente justa sufra y que los malvados pasen aparentemente sus vidas sin que los problemas los toque? “Esto no justo, protestamos”.

En el Salmo 73 encontramos una situación casi idéntica.  ¿Qué fue la respuesta? (v-17) El escritor de este Salmo realmente pensó que él tenía un caso contra Dios. Él impacientemente estaba molestó y  enojado hasta finalmente Dios, en Su manera quieta, y amorosa dijo simplemente, “Mira el final de la historia y entonces comprenderás”.

Frecuentemente todos preguntamos, “¿Por qué yo, Señor?” Esto puede ser una pregunta negativo, “¿Por qué tengo yo tanta problema?” Cuando el percance nos sucede, lloramos, oramos y preguntamos. Puede ser que Dios nos conteste nuestras preguntas o tal vez que no. Él no esta obligado a explicar Sus acciones a nosotros (Rom. 9:20-21). Sin embargo, hay ocasiones cuando Dios en Su misericordia escoge contestar nuestras preguntas como lo hizo con Habacuc. Dios en ocasiones envía algunas cosas en nuestras vidas para causarnos a hacer preguntas porque Él tiene un mensaje para nosotros. Cuando cosas suceden en nuestra vida que no comprendemos, necesitamos examinarnos estrechamente y escuchar atentamente para oír la voz de Dios. En seguida consideremos unas razones por qué el “¿Por qué yo?”

LA LEY DE LA COSECHA

Cuando Israel, y luego Judá fueron invadidos por los Babilónicos, ellos estaban recogiendo la cosecha que ellos habían sembrado. Si maltratamos nuestros cuerpos,  nosotros podemos esperar enfermedad. Una persona que ha fumado por muchos años, y se esta muriendo de cáncer de los pulmones no necesita preguntar, “¿Por qué yo?” Él debería saber. Un droga adicto en una institución mental no debería preguntar el por qué. Un cristiano quien se casó con un incrédulo solo esta cosechando la cosecha de rebelión cuando su matrimonio se desintegra. Se pudiera agregar otros muchos ejemplos. Así, qué cuando el problema viene, antes de inquirir de Dios, necesitamos preguntarnos “¿Es esto los resultados de mis acciones? Si es así, ¿en donde fue que me equivoque y como prevengo para que no suceda otra ves?”

PARA CONSEGUIR NUESTRA ATENCIÓN

Uno niño pequeño corría por la casa, riendo y jugando. Su madre le llamo varias veces, pero él no la oyó. Finalmente, cuando él vino corriendo cercas de ella, lo tomo del brazo. “Detente, escucha me.” Vivimos en un mundo muy ocupado. Desde el tiempo que nuestros pies tocan el piso en la mañana  hasta el tiempo que nos acostamos en la noche, hay muchas cosas que hacer. Para conseguir nuestra atención, Dios en veces tiene que poner un “alto” en frente de nosotros. Puede ser la enfermedad, una relación quebrada o una necesidad financiera. Lo que sea, nos detiene nuestra prisa frenética y nos pone sobre nuestras rodillas. Entonces oímos la suave, amorosa voz de Dios. “Escúchame, tengo algo que decirte.”

PARA TRAER GLORIA A DIOS

Viendo un hombre ciego, los discípulos de Jesús le preguntaron “Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?” (Juan 9:1-2) Ellos pensaban que su aflicción era el resultado de la ley de la cosecha.  Pero Jesús dijo, “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (v-3). La muerte de Lázaro era para la gloria de Dios (Jn. 11:4). Desde la prisión el Apóstol Pablo escribió a los Filipenses que sus problemas se diseñaron para esparcir el evangelio (Fil. 1:12-14). Él vio la mano de Dios trabajando en su vida. Su aflicción estaba avanzando el trabajo de Dios. La fe en Dios juega un papel importante en ayudarnos mantener nuestro balance espiritual cuando caminamos por esos tiempos obscuros de pruebas, porqué frecuentemente no sabemos hasta que hemos pasado hasta el otro lado si nuestra prueba trajo gloria a Dios.

PARA PERFECCIONARNOS

El alfarero probablemente tendrá que aplastar y formar un vaso varias veces antes que le agrade. Una costurera tendrá que desgarrar y alterar un vestido antes que quede perfectamente. Un escritor escribe de nuevo su obra varias veces antes que él quede satisfecho con su trabajo. Así también el Señor frecuentemente tiene que aplastar nuestro orgullo, quebrar nuestra voluntad, alterará nuestra actitud, recortar nuestros deseos y hacer nuevo nuestros planes para perfeccionarnos (I Pedro 5:10).

POR RAZONES CONOCIDAS SOLAMENTE A DIOS

Hay tiempos cuando preguntamos, “¿Por qué, yo Señor?” y  Él contesta, “¡Ten confianza!” Una señora quien había pasado mediante el sufrimiento intensivo tomando tratamientos de quimioterapia para el cáncer testifico, “Yo le pregunte a Dios, ¿y por qué no yo?” Y ella dio alabanza a Dios por amar la y estando con ella durante su sufrimiento.

No encontramos en la Escritura que se le dijo a Job porque el había sufrido. El pregunto “¿Por qué, yo?” El busco por todos lados la respuesta pero se le ocultó (Job 23:3-10). Es en situaciones tal como de Job cuando la fe es purificado. Muy frecuentemente cuando nosotros preguntamos, “¿Por qué yo, Señor?” viene la respuesta, “Espera hasta la mañana, entonces lo comprenderás todo.” Algunas cosas nunca lo comprenderemos en esta vida. Tenemos que confiar en Dios quien hace todo las cosas para nuestro bien, y continuar con Él (Isa. 55: 8-9).

Un perro no puede comprender por que tiene que permanecer en un patio cercado, pero todavía le es fiel a su dueño. Un bebe no comprende porqué se le da un inyección de sarampión, aún el continúa amando a su madre. Como hijos de Dios frecuentemente no podemos comprender como Dios obra, pero tenemos que seguir confiando y alabando le.