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EDUCATION: Holt High School, Holt Mich., Lansing Community College, Southwestern Theological Seminary, National Apostolic Bible College. MINISTERIAL EXPERIENCE:61 years of pastoral experience, 11 churches in Arizona, New Mexico and Florida. Missionary work in Costa Rica. Bishop of the Districts of New Mexico and Florida for the Apostolic Assembly. Taught at the Apostolic Bible College of Florida and the Apostolic Bible College of Arizona. Served as President of the Florida Apostolic Bible College. Served as Secretary of Education in Arizona and New Mexico.EDUCACIÓN:Holt High School, Holt Michigan, Lansing Community College, Seminario Teológico Southwestern, Colegio Bíblico Nacional. EXPERIENCIA MINISTERIAL:51 años de experiencia pastoral, 11 iglesias en los estados de Arizona, Nuevo México y la Florida. Trabajo misionera en Costa Rica. Obispo de la Asamblea Apostólica en los distritos de Nuevo México y La Florida. He enseñado en el Colegio Bíblico Apostólico de la Florida y el Colegio Bíblico Apostólico de Arizona. Presidente del Colegio Bíblico de la Florida. Secretario de Educación en los distritos de Nuevo México y Arizona.

Monday, February 16, 2026

VIVIENDO EL FRUTO DEL ESPÍRITU

Gálatas 5:22-23

La frase “el fruto del Espíritu” ha causado mucha confusión por los años. Tal vez sería más fácil comenzar explicando lo que no es el fruto del Espíritu. No es el resultado de un esfuerzo que puede hacer uno. No el esfuerzo de tener fe ni de obedecer o ser amoroso. El fruto del Espíritu no tiene nada que ver con un esfuerzo que puede hacer un creyente.

El fruto del Espíritu es el resultado natural de la presencia del Espíritu Santo dentro del creyente. Filipenses 2:13 dice, “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.” Dios cumple esto por medio del Espíritu Santo dentro del creyente, cambiando su carácter (Filipenses 1:6) y manifestando el buen “fruto”. 

La función del Espíritu Santo es conformarnos a la imagen de Cristo, haciéndonos más semejantes a Él. La vida cristiana es una batalla entre la naturaleza pecaminosa y la nueva naturaleza que Cristo nos ha dado (II Corintios 5:17). Como seres humanos caídos, seguimos atrapados en un cuerpo que desea cosas pecaminosas (Romanos 7:14-25). Como cristianos, tenemos el Espíritu Santo produciendo su fruto en nosotros y contamos con su poder para vencer las obras de la naturaleza pecaminosa (II Corintios 5:17; Filipenses 4:13). Un cristiano nunca alcanzará la victoria completa en la manifestación constante de los frutos del Espíritu Santo. Sin embargo, uno de los propósitos principales de la vida cristiana es permitir progresivamente que el Espíritu Santo produzca cada vez más de su fruto en nuestras vidas y que venza los deseos pecaminosos que se le oponen. El fruto del Espíritu es lo que Dios desea que nuestras vidas reflejen y, con la ayuda del Espíritu Santo, ¡es posible!

El fruto del Espíritu es un pasaje bien conocido de la Biblia que muchos cristianos se esfuerzan por comprender y poner en práctica. Un detalle que a menudo se pasa por alto es que “fruto” está en singular, no en plural, lo que enfatiza que no se trata de rasgos separados que los creyentes eligen a su gusto, sino de un todo unificado que debe estar presente en todo cristiano. Este fruto es la evidencia de la nueva naturaleza dada a quienes están en Cristo (resultado directo de ser una nueva creación y de despojarse del viejo hombre).

La palabra "fruto" en este contexto se refiere a los resultados o manifestaciones de la presencia y la obra del Espíritu Santo en la vida de un creyente. Es importante destacar que el fruto del Espíritu no se trata de nuestras propias obras o esfuerzos, sino de la transformación interna que el Espíritu Santo realiza en nosotros.

El fruto del Espíritu nos ayuda en nuestros problemas, a tener relaciones saludables con los demás, con nuestra familia, nuestros hermanos en la congregación y nuestras amistades, es vital para nuestra vida cristiana.

Dios ha hecho posible que sea accesible este fruto por medio del Espíritu Santo, es decir, que cuando recibimos el Espíritu de Dios entonces podemos dar fruto, de lo contrario, no es posible producir el fruto del Espíritu Santo.

No podemos producir fruto espiritual por nuestra cuenta; no podemos simplemente proponernos ser más amables ni esforzarnos más para ser más gozosos o fieles. Sin embargo, las Escrituras sugieren que los seres humanos participamos de alguna manera en la creación de las condiciones para el crecimiento del fruto espiritual. Para que la vida de la vid dé fruto en nosotros, debemos conectarnos firmemente a ella, siguiendo el camino de vida en lugar del nuestro.

La relevancia de llevar frutos implica ciertos aspectos a tener en cuenta conforme a las escrituras. Uno de ellos es que Jesucristo fue claro al decir: “por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20), siendo este un método para identificar falsos profetas y maestros; además, pone en manifiesto la realidad de la persona, lo que hay en su corazón. El fruto del Espíritu Santo nos ayuda a darnos a conocer como hijos de Dios.

LA NATURALEZA SINGULAR DEL FRUTO DEL ESPÍRITU:

El hecho de que Pablo se refiera al “fruto” en lugar de a los “frutos” es significativo. Significa que estos atributos son colectivamente un solo producto de la obra del Espíritu Santo en la vida de un creyente. A diferencia de los dones del Espíritu, que pueden variar de un creyente a otro, el fruto del Espíritu debe ser completo en todo cristiano. El Espíritu Santo que mora en nosotros produce todas estas cualidades como un todo cohesivo, lo que significa una transformación en el corazón y la vida del creyente.

LA NUEVA NATURALEZA: EL VIEJO HOMBRE VS. EL NUEVO HOMBRE:

Para comprender plenamente el fruto del Espíritu, es crucial entender el concepto del viejo hombre frente al nuevo hombre. Pablo explica este contraste en Efesios 4:22-24. El viejo hombre representa nuestra naturaleza pecaminosa y caída antes de venir a Cristo. Se caracteriza por todas las obras de la carne (Gálatas 5:19-21).

El nuevo hombre, sin embargo, es el resultado de haber nacido de nuevo y haber sido transformado por el Espíritu Santo (II Corintios 5:17) que dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Esta nueva creación encarna los atributos del fruto del Espíritu, no por el esfuerzo humano, sino por la obra transformadora del Espíritu en su interior. Cada aspecto del fruto del Espíritu revela una faceta de la nueva naturaleza del creyente y cómo contrasta con el viejo yo:

EL FRUTO COMO EVIDENCIA DE LA NUEVA CREACIÓN:

La presencia del fruto del Espíritu es una característica distintiva del nuevo hombre. Gálatas 5:24 añade: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. Esta crucifixión del viejo hombre permite que el nuevo hombre viva y prospere en justicia. La transformación no se logra por la fuerza humana, sino por el Espíritu que mora en nosotros, quien obra para conformar a los creyentes a la imagen de Cristo.

VIVIENDO EL FRUTO DEL ESPÍRITU:

Caminar en el Espíritu es esencial para que el fruto se manifieste. Gálatas 5:16 instruye: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfaréis los deseos de la carne”. Caminar en el Espíritu significa someternos diariamente a la guía de Dios y permitirle que obre a través de nosotros. Es un proceso continuo en el que el creyente es santificado y crece en madurez espiritual.

El fruto del Espíritu es una entidad singular, que muestra la naturaleza armoniosa y completa de la nueva creación en Cristo. Cada atributo está interconectado, reflejando la plenitud de una vida transformada por el Espíritu Santo. El viejo hombre se caracteriza por el pecado y los deseos de la carne, pero el nuevo hombre encarna el fruto del Espíritu, evidenciando el verdadero nuevo nacimiento y la transformación espiritual.

Los creyentes están llamados no solo a exhibir uno o dos de estos atributos, sino a encarnarlos todos como fruto de una naturaleza renovada en Cristo. Esta transformación solo es posible mediante la obra del Espíritu Santo, quien continúa santificándonos, asegurando que el fruto del Espíritu sea cada vez más evidente en nuestras vidas.

LOS ASPECTOS DEL FRUTO DEL ESPÍRITU:

1. AMOR: (Ágape)

     Pablo considera el amor como el fundamento de todos los demás. El amor en este contexto se refiere al amor ágape, que es el amor incondicional y sacrificial que Dios tiene hacia nosotros y que debemos tener hacia los demás. Por lo tanto, el amor consiste en dar de uno mismo, para cuidar de otra persona.

     Este amor es sacrificial e incondicional, reflejo del amor de Cristo por la humanidad. Es el fundamento sobre el cual descansan todos los demás atributos. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros” (Juan 13:35). El viejo hombre puede amar de forma egoísta o condicional, pero el nuevo hombre exhibe un amor que busca el bienestar de los demás sin esperar nada a cambio. El amor ofrece perdón, nunca guarda rencor por los errores de los demás y siempre trabaja para restaurar las relaciones (1 Corintios 13:4-7).

Sabemos que  “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). “Dios es amor”, razón por la cual si nosotros tenemos el Espíritu de Dios en nuestras vidas, debemos de producir el amor como parte del fruto del Espíritu Santo.

2. GOZO:

     Este gozo no depende de las circunstancias, sino que está arraigado en la seguridad de la presencia y las promesas de Dios. Romanos 15:13 lo expresa así: “Que el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer”. El viejo hombre encuentra gozo en placeres mundanos y pasajeros, pero el gozo del nuevo hombre es duradero y está ligado a una relación con Dios.

Cuando hemos conocido a Jesucristo y hemos sido llenos de su presencia, este gozo emana en nuestras vidas como cristianos, podemos mostrar en nosotros el fruto del Espíritu Santo y experimentar este gozo a pesar de los problemas, dificultades, adversidades, tribulaciones, conflictos, pues “el gozo del Señor es nuestra fortaleza (Nehemías 8:10). Jesucristo quería que su gozo esté en nosotros y que nuestro gozo sea cumplido (Juan 15:11). También recordemos que el reino de Dios es “gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

3. PAZ:

     La palabra griega para "paz", eirene, se refiere tanto a la paz interior en nuestros corazones como a la paz en las relaciones con los demás. La paz del Espíritu trasciende el entendimiento y guarda el corazón del creyente (Filipenses 4:7). Es una tranquilidad profunda, calma, y quietud que proviene de confiar en la soberanía de Dios. La paz no es ausencia de luchas o pruebas, sin embargo, se puede sentir una paz interna en medio de situaciones semejantes. El viejo hombre busca la paz a través de medios externos y temporales, pero el nuevo hombre experimenta una paz interna y eterna. El reino de Dios es “Paz en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

4. PACIENCIA:

     La paciencia soporta injurias, insultos y problemas por mucho tiempo. No es provocado fácilmente. Larga resistencia.

Este atributo permite a los creyentes soportar circunstancias y personas difíciles con un corazón firme. Refleja la paciencia de Dios hacia nosotros (II Pedro 3:9). El viejo hombre se enoja con facilidad y es impaciente, mientras que el nuevo hombre muestra dominio propio y constancia.

5. BENIGNIDAD:

     La benignidad es un cuidado genuino por los demás es manifestado en palabras y acciones. Es la cualidad de ser amable, apacible, tierno y suave. Una disposición para ser gentil, de temperamento templado, culto y refinado de carácter y conducta. Efesios 4:32 dice: “Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Es el deseo de tratar a todos con amabilidad tal como el Señor lo hizo. El viejo hombre puede ser duro y egocéntrico, pero el nuevo hombre refleja la benignidad de Cristo.

6. BONDAD:

     Esta cualidad es la integridad moral y la virtud que proviene de un corazón transformado por Dios. Es el estado de calidad de ser bueno, específicamente virtud, excelencia, amabilidad, generosidad, y benevolencia. Excelencia moral y espiritual que se manifiesta en la iniciativa para emprender actos de bondad. El viejo hombre puede parecer bueno por fuera, pero es corrupto por dentro. El nuevo hombre, sin embargo, practica la bondad desde un corazón que ha sido purificado por el Espíritu.

7. FE:

     En el Nuevo Testamento, la palabra griega pistis se refiere a “confianza” o “fidelidad (Romanos 3:3). La fe y la fidelidad son dos caras de la misma moneda, que engloban ideas como lealtad, fiabilidad, confianza y compromiso.

     Tener fe no significa simplemente creer o estar de acuerdo con afirmaciones sobre Dios (Santiago 2:19). La fe es activa y requiere dependencia de Dios, una confianza tan profunda que nos lleva a caminar en sus caminos.

     Cuando recibimos el Espíritu de Dios y aprendemos a depender de su estilo de vida por encima de nuestras propias pasiones fluctuantes, también nos volvemos más dignos de confianza y fieles. El viejo hombre a menudo es poco confiable y se deja influenciar por las circunstancias, pero el nuevo hombre es fiel tanto en las cosas pequeñas como en las grandes.

8. MANSEDUMBRE:

     La mansedumbre no es debilidad, sino fuerza controlada. Es la capacidad de responder con humildad y gracia, incluso ante la provocación. Es la disposición de ser gentil, amable, bien balanceado en temperamento y pasiones, paciente en sufrir injurias sin sentir un espíritu de revancha. Se somete con paciencia a pesar de la ofensa, sin deseo alguno de venganza o retribución. En el nuevo testamento se emplea para describir tres actitudes: sumisión a la voluntad de Dios (Colosenses 3:12), disposición a ser enseñados (Santiago 1:21)  y consideración de los demás (Efesios 4:2). Jesús se describió a sí mismo como “manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29). El viejo hombre puede reaccionar con dureza o con orgullo, pero el nuevo hombre muestra mansedumbre.

9. TEMPLANZA:

     Los atletas demuestran autocontrol al evitar cosas placenteras que dañarían su cuerpo. Aunque anhelen la satisfacción que brindan los alimentos, se disciplinan para comer verduras y proteínas magras. Quizás deseen relajarse, pero se esfuerzan por entrenar intensamente. Al ejercer control sobre sus cuerpos, en lugar de permitir que sus deseos los controlen, se preparan para competir con éxito. Pablo anima a la iglesia a aplicar ese mismo tipo de autodisciplina al seguir los caminos de Dios (1 Cor. 9:24-27).

     Buscar la satisfacción de nuestros propios deseos a menudo parece el mejor camino hacia la libertad. Pero sin autocontrol, terminamos siendo controlados por esos deseos siempre cambiantes. Jesús y los autores del Nuevo Testamento consideran que la buena vida se encuentra en vivir con amor a Dios y al prójimo en cada situación. Aunque parezca contradictorio, ejercer autocontrol nos brinda verdadera libertad.

     El viejo hombre sigue las pasiones de la carne, pero el nuevo hombre, empoderado por el Espíritu, ejerce control sobre sus pensamientos y acciones.

CONTRA EL FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO NO HAY LEY:

El fruto del Espíritu  Santo es grato para nuestro Dios. También son buenos para otros y para nosotros. Y contra tales cosas no hay ley. Con esto Pablo nos dice que no es por medio de la ley o el legalismo porque el fruto del Espíritu solamente depende de permanecer en Cristo.

CAMINAR SEGÚN EL ESPÍRITU

Dios nos creó a su imagen y semejanza, y desde el principio nos ha enseñado a reflejar su carácter divino. Lo hacemos dando buenos frutos espirituales al hacer lo que es correcto a los ojos de Dios y cuidando de su creación y de todos los seres que la habitan. Cuando nos servimos a nosotros mismos y hacemos lo que nos parece correcto, reflejamos una imagen distorsionada de Dios. Porque Dios no es egoísta en absoluto; Dios es amor puro, siempre obrando para el bien de los demás.

Como seres humanos, no podemos perder la imagen de Dios, pero a menudo terminamos distorsionándola, lo que permite que el fruto espiritual de Dios se marchite y muera. Erróneamente, cambiamos la buena vida por algo tan valioso como una manzana podrida.

Pero los autores bíblicos nos invitan a confiar en que, cuando vivimos a la manera de Jesús también participamos en la obra del Espíritu. Dios renueva su propia imagen en nosotros (II Corintios 3:18).

Así, caminar según el Espíritu crea las condiciones necesarias para que Dios cultive en nosotros el fruto espiritual del amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio: el fruto invaluable que trae sanación y vida a todos.

 

LIVING OUT THE FRUIT OF THE SPIRIT

Galatians 5:22-23

The phrase “the fruit of the Spirit” has caused much confusion over the years. Perhaps it would be easier to begin by explaining what the fruit of the Spirit is not. It is not the result of any effort one can make. Not the effort to having faith, or to obey, or to be loving. The fruit of the Spirit has nothing to do with any effort a believer can make.

The fruit of the Spirit is the natural result of the presence of the Holy Spirit within the believer. Philippians 2:13 says, “For it is God who works in you to will and to act in order to fulfill his good purpose.” God accomplishes this through the Holy Spirit within the believer, changing their character (Philippians 1:6) and manifesting the good “fruit.”

The function of the Holy Spirit is to conform us to the image of Christ, making us more like Him. The Christian life is a battle between the sinful nature and the new nature that Christ has given us (II Corinthians 5:17). As fallen human beings, we are still trapped in a body that desires sinful things (Romans 7:14-25). As Christians, we have the Holy Spirit producing His fruit in us, and we have His power to overcome the works of the sinful nature (II Corinthians 5:17; Philippians 4:13). A Christian will never achieve complete victory in the constant manifestation of the fruits of the Holy Spirit. However, one of the main purposes of the Christian life is to progressively allow the Holy Spirit to produce more and more of His fruit in our lives and to overcome the sinful desires that oppose Him. The fruit of the Spirit is what God desires our lives to reflect, and with the help of the Holy Spirit, it is possible!

The fruit of the Spirit is a well-known passage from the Bible that many Christians strive to understand and put into practice. One detail that is often overlooked is that “fruit” is in the singular, not the plural, which emphasizes that these are not separate traits that believers choose at will, but a unified whole that should be present in every Christian. This fruit is the evidence of the new nature given to those who are in Christ (a direct result of being a new creation and putting off the old self).

The word "fruit" in this context refers to the results or manifestations of the presence and work of the Holy Spirit in a believer's life. It is important to emphasize that the fruit of the Spirit is not about our own works or efforts, but about the internal transformation that the Holy Spirit accomplishes in us.

The fruit of the Spirit helps us with our problems, to have healthy relationships with others, with our family, our brothers and sisters in the congregation, and our friends; it is vital for our Christian life. God has made this fruit accessible through the Holy Spirit, meaning that when we receive the Spirit of God, then we can bear fruit; otherwise, it is not possible to produce the fruit of the Holy Spirit.

We cannot produce spiritual fruit on our own; we cannot simply decide to be kinder or try harder to be more joyful or faithful. However, the Scriptures suggest that human beings participate in some way in creating the conditions for the growth of spiritual fruit. For the life of the vine to bear fruit in us, we must be firmly connected to it, following its way of life instead of our own.

The relevance of bearing fruit involves certain aspects to consider according to the scriptures. One of them is that Jesus Christ was clear in saying: “By their fruits you will know them” (Matthew 7:20), this being a method for it helps identify false prophets and teachers; furthermore, it reveals the reality of a person, what is in their heart. The fruit of the Holy Spirit helps us to be known as children of God.

THE UNIQUE NATURE OF THE FRUIT OF THE SPIRIT:

The fact that Paul refers to the “fruit” instead of the “fruits” is significant. It means that these attributes are collectively a single product of the work of the Holy Spirit in the life of a believer. Unlike the gifts of the Spirit, which may vary from one believer to another, the fruit of the Spirit should be complete in every Christian. The Holy Spirit dwelling within us produces all these qualities as a cohesive whole, signifying a transformation in the heart and life of the believer.

THE NEW NATURE: THE OLD MAN VS. THE NEW MAN:

To fully understand the fruit of the Spirit, it is crucial to understand the concept of the old man versus the new man. Paul explains this contrast in Ephesians 4:22-24. The old man represents our sinful and fallen nature before coming to Christ. It is characterized by all the works of the flesh (Galatians 5:19-21).

The new man, however, is the result of being born again and transformed by the Holy Spirit (II Corinthians 5:17) which says: “Therefore, if anyone is in Christ, he is a new creation; the old things have passed away; behold, all things have become new.” This new creation embodies the attributes of the fruit of the Spirit, not through human effort, but through the transformative work of the Spirit within. Each aspect of the fruit of the Spirit reveals a facet of the believer's new nature and how it contrasts with the old self:

THE FRUIT AS EVIDENCE OF THE NEW CREATION:

The presence of the fruit of the Spirit is a distinguishing characteristic of the new man. Galatians 5:24 adds: “But those who are Christ’s have crucified the flesh with its passions and desires.” This crucifixion of the old man allows the new man to live and thrive in righteousness. Transformation is not achieved by human strength, but by the Spirit who dwells within us, working to conform believers to the image of Christ.

LIVING THE FRUIT OF THE SPIRIT:

Walking in the Spirit is essential for the fruit to be manifested. Galatians 5:16 instructs: “So I say, walk by the Spirit, and you will not gratify the desires of the flesh.” Walking in the Spirit means daily submitting to God's guidance and allowing Him to work through us. It is a continuous process in which the believer is sanctified and grows in spiritual maturity.

The fruit of the Spirit is a singular entity, demonstrating the harmonious and complete nature of the new creation in Christ. Each attribute is interconnected, reflecting the fullness of a life transformed by the Holy Spirit. The old self is characterized by sin and the desires of the flesh, but the new self embodies the fruit of the Spirit, evidencing true new birth and spiritual transformation.

Believers are called not only to exhibit one or two of these attributes, but to embody them all as the fruit of a renewed nature in Christ. This transformation is only possible through the work of the Holy Spirit, who continues to sanctify us, ensuring that the fruit of the Spirit becomes increasingly evident in our lives.

THE ASPECTS OF THE FRUIT OF THE SPIRIT:

1. LOVE: (Agape)

     Paul considers love to be the foundation of all the others. Love in this context refers to agape love, which is the unconditional and sacrificial love that God has for us and that we should have for others. Therefore, love consists of giving of oneself, in order to care for another person.

     This love is sacrificial and unconditional, a reflection of Christ's love for humanity. It is the foundation upon which all other attributes rest. Jesus said, “By this all people will know that you are my disciples, if you have love for one another” (John 13:35). The old self may love selfishly or conditionally, but the new self exhibits a love that seeks the well-being of others without expecting anything in return. Love offers forgiveness, never holds grudges for the mistakes of others, and always works to restore relationships (1 Corinthians 13:4-7).

     We know that “God’s love has been poured out into our hearts through the Holy Spirit, who has been given to us” (Romans 5:5). “God is love,” which is why if we have the Spirit of God in our lives, we must produce love as part of the fruit of the Holy Spirit.

2. JOY:

     This joy does not depend on circumstances, but is rooted in the assurance of God's presence and promises. Romans 15:13 expresses it this way: “May the God of hope fill you with all joy and peace as you trust in him.” The old self finds joy in worldly and fleeting pleasures, but the joy of the new self is lasting and is tied to a relationship with God. When we have come to know Jesus Christ and have been filled with His presence, this joy emanates in our lives as Christians. We can show the fruit of the Holy Spirit in ourselves and experience this joy despite problems, difficulties, adversities, tribulations, and conflicts, for “the joy of the Lord is our strength” (Nehemiah 8:10). Jesus Christ wanted His joy to be in us and that our joy might be complete (John 15:11). Let us also remember that the kingdom of God is “joy in the Holy Spirit” (Romans 14:17).

3. PEACE: The Greek word for "peace," eirene, refers to both inner peace in our hearts and peace in our relationships with others. The peace of the Spirit transcends understanding and guards the believer's heart (Philippians 4:7). It is a deep tranquility, calmness, and stillness that comes from trusting in God's sovereignty. Peace is not the absence of struggles or trials; however, inner peace can be felt in the midst of such situations. The old self seeks peace through external and temporary means, but the new self experiences an inner and eternal peace. The kingdom of God is “Peace in the Holy Spirit” (Romans 14:17).

4. PATIENCE:

     Patience endures injuries, insults, and problems for a long time. It is not easily provoked. Long-suffering. This attribute allows believers to endure difficult circumstances and people with a steadfast heart. It reflects God's patience toward us (2 Peter 3:9). The old self is easily angered and impatient, while the new self shows self-control and perseverance.

5. KINDNESS:

     Kindness is a genuine care for others, manifested in words and actions. It is the quality of being kind, gentle, tender, and mild. A disposition to be gentle, of a temperate temperament, cultured and refined in character and conduct. Ephesians 4:32 says: “Be kind to one another, tenderhearted, forgiving one another, just as God also in Christ forgave you.” He forgave you in Christ.” It is the desire to treat everyone with kindness, just as the Lord did. The old self may be harsh and self-centered, but the new self reflects the gentleness of Christ.

6. GOODNESS:

     This quality is the moral integrity and virtue that comes from a heart transformed by God. It is the state or quality of being good, specifically virtue, excellence, kindness, generosity, and benevolence. Moral and spiritual excellence that manifests itself in taking the initiative to perform acts of kindness. The old self may appear good on the outside, but is corrupt on the inside. The new self, however, practices goodness from a heart that has been purified by the Spirit.

7. FAITH:

     In the New Testament, the Greek word pistis refers to “trust” or “faithfulness” (Romans 3:3). Faith and faithfulness are two sides of the same coin, encompassing ideas such as loyalty, reliability, trust, and commitment. Having faith doesn't simply mean believing or agreeing with statements about God (James 2:19). Faith is active and requires dependence on God, a trust so profound that it leads us to walk in His ways.

     When we receive the Spirit of God and learn to depend on His way of life above our own fluctuating passions, we also become more trustworthy and faithful. The old self is often unreliable and easily swayed by circumstances, but the new self is faithful in both small and great things.

8. GENTLENESS:

     Gentleness is not weakness, but controlled strength. It is the ability to respond with humility and grace, even in the face of provocation. It is the willingness to be gentle, kind, well-balanced in temperament and passions, patient in suffering injuries without feeling a spirit of revenge. It submits patiently despite offense, without any desire for vengeance or retribution. In the New Testament, it is used to describe three attitudes: submission to God's will (Colossians 3:12), willingness to be taught (James 1:21), and consideration for others (Ephesians 4:2). Jesus described Himself as “gentle and humble in heart” (Matthew 11:29). The old self may react harshly or proudly, but the new self displays gentleness.

9. SELF-CONTROL:

     Athletes demonstrate self-control by avoiding pleasurable things that would harm their bodies. Although they may crave the satisfaction that certain foods provide, they discipline themselves to eat vegetables and lean protein. They may want to relax, but they push themselves to train intensely. By exercising control over their bodies, instead of allowing their desires to control them, they prepare themselves to compete successfully. Paul encourages the church... to apply that same kind of self-discipline in following God's ways (1 Cor. 9:24-27).

     Seeking the satisfaction of our own desires often seems like the best path to freedom. But without self-control, we end up being controlled by those ever-changing desires. Jesus and the New Testament writers consider the good life to be found in living with love for God and neighbor in every situation. Although it may seem contradictory, exercising self-control gives us true freedom.

     The old self follows the passions of the flesh, but the new self, empowered by the Spirit, exercises control over its thoughts and actions.

AGAINST THE FRUIT OF THE HOLY SPIRIT THERE IS NO LAW:

The fruit of the Holy Spirit is pleasing to our God. They are also good for others and for ourselves. And against such things there is no law. With this, Paul tells us that it is not through the law or legalism, because the fruit of the Spirit depends solely on remaining in Christ.

WALKING ACCORDING TO THE SPIRIT:

God created us in his image and likeness, and from the beginning he has taught us to reflect his divine character. We do this by bearing good spiritual fruit, doing what is right in God's eyes and caring for his creation and all the beings that inhabit it. When we serve ourselves and do what seems right to us, we reflect a distorted image of God. For God is not selfish at all; God is pure love, always working for the good of others.

As human beings, we cannot lose the image of God, but we often end up distorting it, allowing God's spiritual fruit to wither and die. Mistakenly, we trade the good life for something as worthless as a rotten apple.

But the biblical authors invite us to trust that when we live in the way of Jesus, we also participate in the work of the Spirit. God renews his own image in us (2 Corinthians 3:18).

Thus, walking according to the Spirit creates the necessary conditions for God to cultivate in us the spiritual fruit of love, joy, peace, patience, kindness, goodness, faithfulness, gentleness, and self-control—the invaluable fruit that brings healing and life to all.

Monday, February 9, 2026

LA RENOVACION DE NUESTRA MENTE

Romanos 12:2

REPROGRAMANDO NUESTRA MENTE:

Lo que el apóstale Pablo describe aquí en realidad es un proceso. En este versículo se encuentra el mecanismo exacto para esa reprogramación. Este proceso se llama neuroplasticidad, la capacidad del cerebro para reconfigurarse físicamente a partir de la información que recibe repetidamente.

No se conformen a este mundo. La palabra "conformarse" en griego significa “ser moldeado”. Tu cerebro está siendo moldeado en este momento por lo que ves, oyes y piensas repetidamente. Tu mente se adapta al ambiente en el que vives.

Las costumbres aprendidas pueden desaprenderse. Las nuevas costumbres pueden reemplazar a los antiguos. Por eso Pablo no dice que te esfuerces más, sino que te transformes. La palabra "transformarse" en el griego es “metamorpho”, la misma palabra que se usa para describir la transformación de un gusano en mariposa.

Esto no es superación personal, sino un cambio estructural. Un gusano no se convierte en mariposa por esfuerzo, sino que experimenta una reestructuración a nivel celular. Eso es lo que Pablo dice que sucede en tu mente mediante la renovación de la misma. La palabra griega para "renovación" es “anosis”. Que significa "de nuevo" un cambio estructural completo. No se trata de una simple restauración o reconstrucción (Fil. 4:8-9),

EL NUEVO HOMBRE: II Corintios 5:17

Colosenses 3:1-10: Aquí el apóstol Pablo enumera varios vicios que los creyentes deben "desechar", como si se quitaran prendas de vestir. Estos pecados pertenecen a nuestra vieja "naturaleza terrenal" (v. 5). Por último, Pablo dice: “habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno.”

El hombre nuevo es la naturaleza espiritual recién regenerada del cristiano nacido de nuevo (Jn. 3:5). Es el ser interior que ha tomado vida en Jesucristo y que, después, se renueva día a día por el Espíritu Santo (II Cor. 4:14). Pablo utiliza la imagen del cambio de ropa para ilustrar la obra transformadora del Señor de recrear a los creyentes a Su imagen: "vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne" (Rom. 13:14, Gál. 3:27).

La Biblia enseña que Dios creó al hombre a Su imagen. Cuando Adán pecó, la imagen perfecta de Dios en nosotros quedó deformada o arruinada por el pecado. La caída separó a hombre de Dios y trajo la muerte al mundo (Salmo 51:5; Romanos 3:23).

El Espíritu Santo comienza a renovar nuestras mentes, pensamientos y actitudes, cambiándonos y moldeándonos para parecernos más a Jesús. A medida que pasamos tiempo en la presencia del Señor, nos hacemos en todo sentido parecernos más y más a Cristo. Llegar a ser el hombre nuevo es un proceso que dura toda la vida "hasta que Cristo se forme por completo en nuestras vidas" (Gál. 4:19). 

EL HOMBRE NUEVO EN CRISTO:

II Corintios 5:17; Efesios 4:24; Colosenses 3:12-14; Romanos 6:6; Colosenses 3:10; Romanos 13:14; II Corintios 3:18; Juan 15:1-8; 1 Juan 5:4; II Corintios 4:16; Efesios 2:14-16; 1 Juan 3:9; Ezequiel 11:19; Efesios 3:16; Colosenses 1:11; Juan 3:6

VIVIR EN EL ESPÍRITU:

No son nueve frutos separados entre sí, sino un solo fruto. Un racimo de uvas es un solo fruto, al igual que este conjunto de gracias es un solo fruto. Este fruto se puede dividir en tres grupos:

1. En relación con Dios: amor, gozo y paz.

2. En relación con los demás: paciencia, benignidad y bondad.

3. En relación con uno mismo: fe, mansedumbre y templanza.

Si tu deseo es tener las cualidades que se enumeran en Gálatas 5:22-23, entonces sabes que el Espíritu Santo te está guiando. Al mismo tiempo, ten cuidado de no confundir tus sentimientos personales con la guía del Espíritu. Ser guiado por el Espíritu Santo implica el deseo de escuchar y la disposición a obedecer la Palabra de Dios y la sensibilidad para discernir entre tus sentimientos y sus impulsos. Vive cada día controlado y guiado por el Espíritu Santo. Las palabras de Jesús estarán en tu mente, el amor de Dios estará detrás de tus acciones y el poder de Dios te ayudará a controlar tus deseos egoístas.

Pablo describe las dos fuerzas que luchan dentro de nosotros: el Espíritu Santo y la naturaleza pecaminosa. No está diciendo que estas fuerzas sean iguales. El Espíritu Santo es infinitamente más fuerte. Pero si confiamos en nuestra propia sabiduría, tomaremos decisiones equivocadas. Si intentamos seguir al Espíritu con nuestro propio esfuerzo humano, fracasaremos. Nuestra única manera de liberarnos de nuestros malos deseos es a través del poder del Espíritu Santo (Romanos 8:9, Efesios 4:23-24, Colosenses 3:3-8).

Todos tenemos malos deseos y no podemos ignorarlos; para seguir la guía del Espíritu Santo, debemos enfrentarlos con decisión (5:24). Estos deseos incluyen pecados obvios como la inmoralidad sexual. También incluyen pecados menos obvios como el odio y los celos. Quienes ignoran tales pecados o se niegan a enfrentarlos revelan que no están viviendo en el Espíritu Santo que conduce a una vida transformada.

El fruto del Espíritu es la obra espontánea del Espíritu Santo en nosotros. El Espíritu produce estos rasgos de carácter que se encuentran en la naturaleza de Cristo. Son el resultado del control de Cristo; no podemos obtenerlos intentando conseguirlos sin su ayuda. Debemos unir nuestras vidas a la de Cristo (Juan 15:4-5).

 

THE RENEWING OF OUR MIND

Romans 12:2

REPROGRAMMING OUR MIND:

What the apostle Paul describes here is actually a process. In this verse, we find the exact mechanism for that reprogramming. This process is called neuroplasticity, the brain's ability to physically reconfigure itself based on the information it repeatedly receives.

Do not conform to this world. The words “conform" in Greek means “to be molded”. Your brain is being molded right now by what you repeatedly see, hear, and think. Your mind adapts to the environment in which you live.

Learned habits can be unlearned. New habits can replace old ones. That's why Paul doesn't say to try harder, but to be transformed. The word "transformed" in Greek is "metamorpho," the same word used to describe the transformation of a caterpillar into a butterfly.

This is not self-improvement, but a structural change. A caterpillar doesn't become a butterfly through effort, but undergoes a restructuring at the cellular level. That's what Paul says happens in your mind through its renewal. The Greek word for "renewal" is "anosis," which means "again," a complete structural change. It's not a simple restoration or reconstruction (Phil. 4:8-9).

THE NEW MAN: II Corinthians 5:17

Colossians 3:1-10: Here the apostle Paul lists several vices that believers should "put off," as if taking off articles of clothing. These sins belong to our old "earthly nature" (v. 5). Finally, Paul says: “having put off the old man with his deeds, and having put on the new man, who is renewed in knowledge according to the image of Him who created him.”

The new man is the newly regenerated spiritual nature of the born-again Christian (John 3:5). It is the inner self that has come to life in Jesus Christ and is then renewed day by day by the Holy Spirit (II Corinthians 4:14). Paul uses the image of changing clothes to illustrate the Lord's transformative work of recreating believers in His image: "clothe yourselves with the Lord Jesus Christ, and do not think about how to gratify the desires of the flesh" (Romans 13:14, Galatians 3:27).

The Bible teaches that God created man in His image. When Adam sinned, the perfect image of God in us was distorted or ruined by sin. The fall separated man from God and brought death into the world (Psalm 51:5; Romans 3:23).

The Holy Spirit begins to renew our minds, thoughts, and attitudes, changing and molding us to become more like Jesus. As we spend time in the Lord's presence, we become in every way more and more like Christ. Becoming the new man is a lifelong process "until Christ is fully formed in our lives" (Galatians 4:19).

THE NEW MAN IN CHRIST:

II Corinthians 5:17; Ephesians 4:24; Colossians 3:12-14; Romans 6:6; Colossians 3:10; Romans 13:14; II Corinthians 3:18; John 15:1-8; 1 John 5:4; II Corinthians 4:16; Ephesians 2:14-16; 1 John 3:9; Ezekiel 11:19; Ephesians 3:16; Colossians 1:11; John 3:6

LIVING IN THE SPIRIT:

These are not nine separate fruits, but a single fruit. A cluster of grapes is a single fruit, just as this set of graces is a single fruit. This fruit can be divided into three groups:

1. In relation to God: love, joy, and peace.

2. In relation to others: patience, kindness, and goodness.

3. In relation to oneself: faithfulness, gentleness, and self-control.

If your desire is to possess the qualities listed in Galatians 5:22-23, then you know that the Holy Spirit is guiding you. At the same time, be careful not to confuse your personal feelings with the guidance of the Spirit. Being guided by the Holy Spirit involves the desire to listen and the willingness to obey God's Word, and the sensitivity to discern between your feelings and His promptings. Live each day controlled and guided by the Holy Spirit. Jesus' words will be in your mind, God's love will be behind your actions, and God's power will help you control your selfish desires.

Paul describes the two forces that struggle within us: the Holy Spirit and the sinful nature. He is not saying that these forces are equal. The Holy Spirit is infinitely stronger. But if we rely on our own wisdom, we will make wrong decisions. If we try to follow the Spirit with our own human effort, we will fail. Our only way to be freed from our evil desires is through the power of the Holy Spirit (Romans 8:9, Ephesians 4:23-24, Colossians 3:3-8).

We all have evil desires, and we cannot ignore them; to follow the guidance of the Holy Spirit, we must confront them decisively (5:24). These desires include obvious sins such as sexual immorality. They also include less obvious sins such as hatred and jealousy. Those who ignore such sins or refuse to confront them reveal that they are not living in the Holy Spirit, which leads to a transformed life.

The fruit of the Spirit is the spontaneous work of the Holy Spirit in us. The Spirit produces these character traits that are found in the nature of Christ. These are the result of Christ's control; we cannot obtain them by trying to achieve them without His help. We must unite our lives with Christ's (John 15:4-5).

 

Monday, February 2, 2026

¿QUÉ TAN SALUDABLE ES TU IGLESIA? PARTE 2


Lucas 11:1-12:59

Comprender y evaluar las características de una iglesia saludable garantiza una comunidad que florece espiritualmente y cumple su misión. ¿Cómo es una iglesia saludable? La forma más sencilla de evaluar la salud de una iglesia es recurrir a las Escrituras. Una iglesia saludable muestra señales como el amor genuino entre sus miembros (Juan 13:34-35), un compromiso con la oración (Hechos 2:42) y una pasión por difundir el Evangelio (Mateo 28:19-20). Estos principios bíblicos nos guían para reconocer y cultivar una iglesia que refleje el corazón de Dios.

Dios estableció la iglesia para que fuera el principal agente para llevar a cabo Sus propósitos en la tierra. La iglesia es el cuerpo de Cristo: el corazón, las manos, los pies y la voz de Dios que alcanzan a las personas en el mundo. Las iglesias saludables existen en todas las formas y tamaños. Si bien el crecimiento numérico puede ser un indicador de salud, no garantiza el bienestar de una iglesia. La salud de una iglesia se mide en términos espirituales y bíblicos, no numéricos.

Una iglesia saludable enseña sana doctrina basada en la totalidad del consejo de la Palabra de Dios. Cuando los creyentes se reúnen, la Biblia debe ser el centro de la enseñanza. La interpretación fiel y la aplicación diaria de la sana doctrina bíblica producirán una vida cristiana íntegra. La centralidad de la verdad bíblica preserva el bienestar de la iglesia local, así como el de su liderazgo. Y cuando la verdad bíblica y la sana doctrina se priorizan, se salvaguardan y se enseñan sin concesiones, todas las demás características de una iglesia saludable se manifestarán naturalmente.

Una iglesia saludable enfatiza el discipulado, que produce seguidores fieles que no son perfectos, pero que conocen y aman a Dios y buscan obedecer Su Palabra. El discipulado incluye involucrarse en la vida de la iglesia, construir relaciones auténticas con otros creyentes, ejercer los dones del ministerio y el servicio, crecer en santificación y dar fruto (Juan 15:5-8).

La ​​iglesia primitiva estaba dedicada a la doctrina bíblica, reuniéndose para orar, adorar y participar de la comunión. Estos primeros cristianos se dedicaron fervientemente unos a otros, formando un ambiente amoroso y generoso donde los miembros se cuidaban mutuamente. Una iglesia saludable hoy exhibirá un entusiasmo similar por una vida cristiana auténtica y participará en los propósitos y la obra de Dios.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LA ORACIÓN QUE POR SU DESEMPEÑO: (Lucas 11:1-4)

Una iglesia en la oración se encuentra en su estado más distintivo. La oración es a la vez el acto distintivo y la actitud distintiva de la iglesia. En Lucas 11:1-4, los discípulos de Jesús hizo esta petición: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11:01). La respuesta de Jesús fue corta pero ofrece un modelo de la iglesia saludable en la oración.

Vivimos en una época que valora el desempeño y el logro. La iglesia saludable entiende que su papel es el de ser un canal de Dios para llevar a cabo a través de y para que Dios a través ella lograr sus propósitos. La oración posiciona la iglesia saludable para ser el instrumento de Dios.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR SU DISCERNIMIENTO QUE SUS DECISIONES: (Lucas 12:54-57)

A menudo nos encontramos evaluando una iglesia por la forma sabia y oportuna de sus decisiones. La comisión de presupuesto es alabado si sus proyecciones presupuestarias se acercan a los regalos y los gastos reales. El comité de personal es elogiado por su manejo intuitivo de un nuevo programa de seguro personal. Somos sensibles a los resultados de las decisiones tomadas en una iglesia.

Menos visible es la capacidad de la Iglesia para discernir, para detectar problemas espirituales, establecer prioridades espirituales. En Lucas 12:56-67, Jesús articula claramente principal necesidad de la Iglesia para discernir.

La palabra " analizar" en este pasaje viene de la palabra griega dokimazo, lo que significa a menudo para analizar metal, para probar o examinar a fin de determinar una base para su aprobación. En particular, Jesús parece estar llamando a la iglesia para discernir las cosas que son de la intención y la acción de Dios, y que no lo son.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR SU COMPROMISO A LA TRANSPARENCIA QUE POR SU PREOCUPACIÓN POR LA EFICIENCIA OPERATIVA (Lucas 11:33-36; 12:2-3)

Organizaciones seculares tienen una gran necesidad para la eficiencia, la comunicación se utiliza para asegurar la uniformidad y el cumplimiento. En la iglesia, la comunicación no sirve para forzar la uniformidad, sino que aumentar la interacción. La iglesia no es un mecanismo religioso, sino que es el cuerpo orgánico de Cristo. Para la iglesia, la transparencia en todo lo que hace debe ser una característica esencial. Esta transparencia también puede dar lugar a lo que parece ser de mucha discusión inútil y perdido de mucho tiempo. Pero la Iglesia existe para hacer la voluntad de Dios no debe ser simplemente una organización orientada a las metas, impulsada por la eficiencia. Dios está mucho más preocupado por la transparencia en nuestras relaciones con los otros y con el mundo.

En Lucas 11:33-36, Jesús llamó a la iglesia para "ser lleno de luz" (v. 36). En Lucas 12:2-3, señaló que habrá un momento en que "lo que han dicho en la oscuridad será oído a la luz" (v. 3). Cristo mismo fue llamado por John "la luz de los hombres" (Juan 1:4). En el Sermón del Monte, llamó a sus discípulos a ser "la luz del mundo" (Mateo 05:14).

La iglesia saludable mantiene una transparencia que maximiza la visibilidad y el intercambio. No está dispuesto a sacrificar la participación sólo por el bien fluidez de las operaciones. Su principal preocupación no es la eficiencia operativa, sino en su transparencia. La iglesia es una comunidad no es una empresa, un organismo no una organización.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR SUS PRIORIDADES PIADOSAS QUE POR SU POPULARIDAD HUMANO: (Lucas 11:43; 12:49-53)

El éxito de una iglesia a veces se mide por la multitud atraída por sus programas. Puesto que La iglesia creciente habitualmente es vista como una iglesia eficaz, es fácil quedar atrapado en el proceso de desarrollar más y más actividades para atraer a los diversos segmentos de la congregación. El supuesto en muchas iglesias es que más es mejor, más espacio, más gente, más presupuesto, más programas.

En Lucas 12:49-53, sin embargo, Jesús se dirigió al conflicto inherente entre las prioridades de Dios y la popularidad humano. La actual iglesia está llamada a dar prioridad en la santidad de Dios. En un sentido real la iglesia se opone al sistema mundano. Con demasiada frecuencia la iglesia anuncia un mensaje de un solo lado del amor y el perdón, evitando su llamado para enfrentar la rebelión pecaminosa y hostil del mundo en contra de Dios. En Romanos 1:18-32, Pablo habló de la línea de batalla dibujado entre la iglesia y el mundo.

Hoy más que nunca la iglesia saludable debe caracterizarse por lo que está en contra. Debe de defender causas de la santidad, el sacrificio y la justicia en un mundo cada vez más hostil a ese mensaje. Tratando de ser popular y aceptable debe comprometer inevitablemente la iglesia y dañar su capacidad de ser usado por Dios.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LA CALIDAD DE LOS MOTIVOS QUE LA CANTIDAD DE SU DINERO:

Muchas iglesias muestran una preocupación notable por el dinero, conseguirlo y  gastarlo. Programas de la Iglesia para el año son a menudo etiquetados con los ingresos esperados. Administración sabía, se nos dice, exige que las iglesias sean fiscalmente conservadoras. Lucas 12 contiene un largo discurso relativo a la visión de Jesús del dinero.

La iglesia tiene que estar al tanto de cualquier tendencia a gastar mucho tiempo y energía en cuestiones de financiación. Mientras que la iglesia tiene que manejar el dinero responsablemente, hay una tendencia a elevarse, por ejemplo, el comité de finanzas / presupuesto, hasta el lugar de la comisión más importante. En muchas iglesias el comité de finanzas actúa de facto como el comité del programa, tomando decisiones en cuanto a cuál será la agenda del programa de la iglesia.

La iglesia saludable es sensible a las implicaciones espirituales de los asuntos financieros. Con demasiada frecuencia, las decisiones presupuestarias se hacen sin verdadero discernimiento espiritual. Los presupuestos deben reflejar las prioridades espirituales. Por otra parte, cuando una iglesia está experimentando dificultades financieras, debería activar la búsqueda en la oración por el bienestar espiritual, así como las causas fiscales.

La iglesia saludable sabe que su manejo de dinero envía un mensaje al mundo. Una iglesia que se acumula la deuda más allá de su capacidad de pago "anuncia" que la comunidad cristiana es irresponsable y fuera de control. Una iglesia que pasa el 90 por ciento de su presupuesto para financiar las operaciones internas "anuncia" que la comunidad cristiana tiene poca visión y la fe limitada.

 Iglesias son saludables en la medida en que sirven a Dios espiritualmente. A pesar de las numerosas medidas de organización de salud de la iglesia se pueden catalogar, son los atributos espirituales que realmente importan a Dios.

Jesús estaba hablando a las iglesias, así como cristianos individuales cuando rogó a buscar primero el reino y la justicia de Dios. De este modo, la iglesia local prosperará espiritualmente en el cuerpo de Cristo, y de hecho todas las cosas serán añadidas a la misma.

 

HOW HEALTHY IS YOUR CHURCH PART 2

 

Luke 11:1-12:59 

Understanding and evaluating the marks of a healthy church ensure a community that thrives spiritually and fulfills its mission. What does a healthy church look like? The simplest way to evaluate the health of a church is to look at Scripture. A healthy church exhibits signs like genuine love for one another (John 13:34-35), a commitment to prayer (Acts 2:42), and a passion for spreading the Gospel (Matthew 28:19-20). These Biblical principles guide us in recognizing and cultivating a church that reflects God’s heart.

God established the church to be the primary agent for carrying out His purposes on earth. The church is the body of Christ—God’s heart, hands, feet, and voice reaching out to people in the world. Healthy churches come in every shape and size. While numerical growth may be an indicator of health it does not guarantee the well-being of a church. The healthiness of a church is measured in spiritual and biblical terms rather than numerical.

 A healthy church teaches sound doctrine based on the whole counsel of God’s Word. When believers meet together, the Bible should to be the center of the teaching. Faithful interpretation and everyday application of sound biblical doctrine will produce wholesome Christian living. The centrality of scriptural truth preserves the well-being of the local church as well as its leadership. And when biblical truth and sound doctrine are prioritized, safeguarded, and taught without compromise, then all other traits of a healthy church will naturally follow.

A healthy church emphasizes discipleship, which produces faithful followers who aren’t perfect, but who know and love God and seek to obey His Word. Discipleship includes getting involved in the life of the church, building authentic relationships with other believers, exercising gifts of ministry and service, growing in sanctification and bearing fruit (John 15:5-8).

 The early church was devoted to biblical doctrine, meeting together for prayer, worship, and communion. These early Christians fervently dedicated themselves to one another, forming a loving, generous environment where members cared for one another. A healthy church today will exhibit similar enthusiasm for authentic Christian living and participate in the purposes and work of God.

 THE HEALTHY CHURCH IS CHARACTERIZED MORE BY PRAYER THAN BY ITS PERFORMANCE: (Luke 11:1-4)

A church in prayer is in its most distinctive state. Prayer is both the distinctive act and the distinctive attitude of the church. In Luke 11:1-4, Jesus' disciples made this request, "Lord, teach us to pray," (Luke 11:1). Jesus' response was short but offers a model of the healthy church at prayer.

We live in an era that prizes performance and achievement. The healthy church understands that its role is to be a channel for God to perform through and for God to achieve his purposes through. Prayer positions the healthy church to be God's instrument.

THE HEALTHY CHURCH IS CHARACTERIZED MORE BY ITS DISCERNMENT THAN ITS DECISIONS: (Luke 12:54-57)

Often we find ourselves evaluating a church by how wise or timely its decisions are. The budget committee is praised if its budget projections come close to actual gifts and expenditures. The personnel committee is praised for its insightful handling of a new staff insurance program. We are sensitive to the results of the decisions made in a church.

Less visible is the church's capacity to discern, to spot spiritual challenges, to establish spiritual priorities. In Luke 12:56-67, Jesus clearly articulated the church's primary need to discern.

The word "analyze" in this passage comes from the Greek word dokimazo, which often meant to assay metal, to test or scrutinize so as to ascertain a basis for approval. In particular Jesus seems to be calling for the church to discern those things which are of God's intent and action, and which are not.

THE HEALTHY CHURCH IS CHARACTERIZED MORE BY ITS COMMITMENT TO OPENNESS THAN BY ITS CONCERN FOR OPERATIONAL EFFICIENCY: (Luke 11:33-36; 12:2-3)

Secular organizations have a driving need for efficiency; communication is used to ensure uniformity and compliance. In the church, communication serves not to force uniformity but to enhance interaction. The church is not a religious mechanism; it is the organic body of Christ. For the church, openness in all it does is to be an essential characteristic. Such openness may well result in what appears to be much useless discussion and much wasted time. But the church exists to do God's will not to be simply a goal oriented, efficiency driven organization. God is much more concerned with transparency in our dealings with one another and with the world.

In Luke 11:33-36, Jesus called for the church to "be full of light" (v. 36). In Luke 12:2-3, He noted that there will be a time when "whatever you have said in the dark shall be heard in the light" (v. 3). Christ himself was called by John "the light of men" (John 1:4). In the Sermon on the Mount, he called for his disciples to be "the light of the world" (Matt. 5:14).

The healthy church maintains an openness that maximizes visibility and sharing. It is not willing to sacrifice participation merely for the sake of smooth operations. Its primary concern is not operational efficiency; rather, it is openness. The church is a community not a company, an organism not an organization.

THE HEALTHY CHURCH IS CHARACTERIZED MORE BY ITS GODLY PRIORITIES THAN BY ITS HUMAN POPULARITY: (Luke 11:43; 12:49-53)

A church's success is sometimes gauged by the crowd drawn to its programs. Since the growing church is customarily viewed as an effective church, it is easy to get caught up in the process of developing more and more activities to appeal to the varied congregational segments. The assumption in many churches is that more is better, more space, more people, more budget, more programs.

In Luke 12:49-53, however, Jesus addressed the inherent conflict between God's priorities and human popularity. The church today is called upon to place a priority on God's holiness. In a real sense the church stands opposed to the worldly system. Too often the church announces a one-sided message of love and forgiveness while avoiding its calling to confront the world's sinful and hostile rebellion against God. In Romans 1:18-32, Paul spoke of the battle line drawn between the church and the world.

Today more than ever the healthy church must be characterized by what it stands against. It must champion causes of holiness, sacrifice, and justice in a world increasingly hostile to such a message. Seeking to be popular and acceptable must inevitably compromise the church and damage its capacity to be used of God.

THE HEALTHY CHURCH IS CHARACTERIZED MORE BY THE QUALITY OF ITS MOTIVES THAN THE QUANTITY OF ITS MONEY:

Many churches show a noticeable concern for money, getting it and spending it. Church programs for the year are often tagged to expected revenues. Wise stewardship, we are told, demands that churches be fiscally conservative. Luke 12 contains a rather long discourse concerning Jesus' view of money.

The church must be aware of any tendency to spend too much time and energy on issues of financing. While the church needs to handle money responsibly, there is a tendency to elevate, for instance, the finance/budget committee, to the place of the most important committee. In too many churches the finance committee acts de facto as the program committee, making decisions as to what the church's program agenda will be.

The healthy church is sensitive to the spiritual implications of financial matters. Too often budget decisions are made without real spiritual discernment. Budgets should reflect spiritual priorities. Furthermore, when a church is experiencing financial difficulties, it ought to trigger the prayerful search for spiritual as well as fiscal causes.

The healthy church knows that its handling of money sends a message to the world. A church that piles up debt beyond its ability to pay "advertises" that the Christian community is irresponsible and out of control. A church that spends 90 percent of its budget to finance internal operations "advertises" that the Christian community has little vision and limited faith.

 Churches are healthy to the extent that they serve God spiritually. Even though numerous organizational measures of church health can be cataloged, it is the spiritual attributes that really matter to God.

Jesus was speaking to churches as well as individual Christians when he entreated us to seek first the kingdom and righteousness of God. In so doing, the local church will thrive spiritually in the body of Christ and will indeed have all things added to it.

 

 

Monday, January 26, 2026

¿QUÉ TAN SALUDABLE ES TU IGLESIA? - PARTE 1

Lucas 11:1-12:59

El libro de los Hechos es la escritura más utilizada para el crecimiento de la iglesia. Registra los inicios explosivos de la iglesia en Jerusalén en el día de Pentecostés (Hechos 1-2), su crecimiento continuo a través del testimonio de Pedro y Juan (Hechos 3-5), el impacto duradero del martirio de Esteban (Hechos 6-7), la dispersión de la iglesia de Jerusalén bajo la persecución de Pablo y la consiguiente repercusión de Felipe en Samaria (Hechos 8), y la consiguiente propagación de la iglesia por medio de Pablo y Bernabé (Hechos 9.28).

Lucas fue el autor de ambos Hechos y el Evangelio de Lucas. Los dos libros son en realidad una sola cuenta, que se extiende desde el nacimiento de Juan el Bautista en Lucas 1, a la muerte de Pablo en Hechos 28. El Evangelio de Lucas se usa con menos frecuencia como una referencia para el Iglecrecimiento. En Lucas, sin embargo, las ideas fundamentales se establecen que apoyan el crecimiento que se encuentra en Hechos.

El Evangelio de Lucas es prescriptivo, mientras que el libro de los Hechos es descriptivo. El Evangelio de Lucas se centra en por qué las cosas ocurrieron en la iglesia, mientras que el libro de los Hechos se centra en que cosas sucedieron en la iglesia. El Evangelio de Lucas dirige nuestra atención a los principios, mientras que  Hechos  dirige nuestra atención a las prácticas.

Mucha literatura ha sido desarrollada sobre el fenómeno del Iglecrecimiento. Su objetivo ha sido el desarrollo de las prescripciones positivas mediante la descripción de las prácticas o acciones necesarias para la gestión de Iglecrecimiento. Su impulso ha sido en lo que la iglesia debe hacer para tener éxito. Nuestra atención se centra sobre la salud de la iglesia, en la determinación de lo que la iglesia debe ser para tener éxito.

IGLECRECIMIENTO VS. LA SALUD DE LA IGLESIA

Iglecrecimiento y la salud de la iglesia son las preocupaciones relacionadas pero tratan con diferentes agendas. Iglecrecimiento requiere una sensibilidad a la dinámica de organización de la planificación, comunicación, motivación, control. Salud de la Iglesia requiere una sensibilidad a la dinámica espiritual de servicio, la santidad, la extensión y la adoración.

El Evangelio de Lucas ofrece una serie de ideas sobre los principios espirituales de la salud de la iglesia. Comenzando en Lucas 11, Jesús centró su atención a la iglesia de su época-la sinagoga y dirigió una serie de cargos contra esa iglesia. Tan fuerte era su condena de que uno de los líderes de la sinagoga dijo a Jesús: "Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros," (11:45).

Los cargos de Jesús apuntaban a una iglesia enferma e insalubre. La iglesia fue acusado de ser internamente corrupta (11:39), siendo ajeno a sus propios fallos (11:40), el desperdicio de energía en trivialidades (11:42), amar el masaje del ego (11:43), siendo espiritualmente muertos (11:44), estar sujeta a muchas reglas y burocrática excesiva (11:45), ser hipócrita (11:47-51), y ahogar el crecimiento personal (11,52).

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LA CALIDAD DE SU ESPÍRITU, QUE LA CANTIDAD DE SU ÉXITO: (Lucas 11:24-26, 12:4-5)

Aquí Jesús centró su atención en la batalla espiritual de la iglesia. Jesús advirtió de la amenaza que enfrenta la iglesia de los espíritus malignos de Satanás. Anteriormente, en Lucas 4:1-13, Jesús fue puso a prueba por Satanás en el desierto. Satanás hizo tres llamamientos: convertir las piedras en pan, gobernando el mundo, y protegiéndose en saltar del templo. Estas apelaciones hablan al espíritu versus el dilema de éxito frente a la iglesia:

A. Una tendencia en la búsqueda de éxito es reducir todo a "pan", a lo mensurable, lo inmediato, y el corto plazo. La tentación es quedar atrapado en las realidades temporales de los presupuestos, la asistencia, y los edificios y de olvidar, las batallas espirituales más fundamentales que amenazan a la iglesia.

B. Otra tendencia en la búsqueda de éxito es centrarse en el medio en lugar de los fines. La tentación es ponerse al día en los métodos y programas de Iglecrecimiento de la iglesia y de olvidar los problemas espirituales más fundamentales de la razón por la que queremos crecer, hacia qué crecemos, y de quién viene el crecimiento.

C. Una tercera tendencia en la búsqueda de éxito es intentar lo dramático y llamativo. La tentación es quedar atrapado en la comercialización y difusión de la iglesia y de olvidar la llamada más fundamental de Dios al servicio ordinario y silenciosa santidad.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LO QUE ESPERA QUE POR LO QUE TRABAJA: (Lucas 10:38-42, 11:5-10, 12:35-38)

Vivimos en una época que valora la actividad y el movimiento. El supuesto es que una iglesia saludable está ocupada. Sin embargo, el llamado de Jesús es una anticipación tranquila, una reacción a la voluntad de Dios en lugar de una anticipación de la misma. En Lucas 10:38-42, Jesús comentó sobre el ajetreo de Martha versus la espera y la escucha de María.

En Lucas 11:5-10, leemos sobre el mandato de Jesús a pedir (y sigue pidiendo), buscar (y seguir buscando), y tocar (y seguir tocando). Es instructivo notar que Jesús comenzó con la palabra "pedir" (la palabra griega usada es aiteo, sugiriendo la actitud de un humilde suplicante) y se cierra con la frase "la puerta se le abrirá". La implicación es que somos primero los solicitantes y beneficiarios de la acción de Dios, y sólo secundariamente iniciadores de nuestra propia acción.

En Mat. 25:1-13, Jesús contó la parábola de las diez vírgenes que tomando sus lámparas y salieron a la espera de la llegada del novio. Las cinco vírgenes insensatas no habían traído suficiente aceite, y mientras ellas habían ido para más aceite, llegó el novio. La puerta estaba cerrada cuando comenzó la fiesta de bodas. Cuando regresaron, las vírgenes insensatas no fueron admitidas en la fiesta. Jesús advirtió: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora" (v. 13). En una referencia a una fiesta de bodas (Lucas 12:35-40), Jesús imploró: "Ustedes también estad preparados, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis" (v.40).

La espera implícita en este verso es de la palabra griega prosdechomai, que significa "buscar con miras a la recepción favorable." Es la espera de alguien que sabe el maestro actuará y espera instrucciones claras y específicas del maestro. La iglesia saludable espera que Dios revelar su voluntad y ejercer su poder en su tiempo ya su manera.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LO QUE PROCLAMA QUE POR LO QUE LOS PROGRAMAS: (Lucas 11:23; 12:8-9)

Tenemos una tendencia a evaluar una iglesia en términos de cuánto está haciendo, en el número y la variedad de sus programas. En Lucas 12:8-9, Jesús centró la atención de la iglesia en su llamado a proclamar.

La función principal de la Iglesia es la de anunciar el Evangelio. Ese propósito debe impregnar todo lo que la iglesia hace. Todos los programas y las actividades deben contribuir claramente y directamente a este fin. La iglesia no es ante todo una organización social o de caridad, sino que es el cuerpo de Cristo que proclama.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR SUS MISERICORDIAS QUE POR SUS PASIONES: (Lucas 10:27-37: 11:45, 12:6-7)

Hay una tendencia a juzgar a la iglesia por la intensidad y el favor de su pueblo y programas. Hay una equiparación de la eficacia de la iglesia con el grado de emoción con la que su adoración se lleva a cabo.

En el libro de Lucas, echamos un vistazo a la compasión silenciosa que Jesús enseñó debe caracterizar a la iglesia. En Lucas 10:27-37, leemos la parábola del "buen samaritano", que respondía a las necesidades de su "prójimo" en voz baja y compasiva. En Lucas 11:45 Jesús condenó a los líderes religiosos de su falta de compasión. ¡Y en Lucas 12:6-7, Jesús dio una idea de la profundidad de su compasión por señalar que Dios se preocupa incluso para los pajarillos que se venden como sacrificios en el templo y se preocupa mucho más por nosotros que él sabe los cabellos de nuestra cabeza!

La iglesia saludable tiene en su centro dos respuestas, amar a Dios y amar a los demás seres humanos (Lucas 10:27). Ninguna de estas respuestas tiene por qué ser caracterizado por las exhibiciones fuertes, emocionales. El llamado de Dios es un cuidado, compartiendo el ministerio, una íntima compasión por los demás. La profundidad y amplitud de la compasión son la medida de la iglesia saludable.

LA IGLESIA SALUDABLE SE CARACTERIZA MÁS POR LO QUE ES SEGURO QUE EN LO QUE ES COMPETENTE: (Lucas 11:11-13; 12:32)

A medida que crecen las iglesias en tamaño, tienden a poner mayor énfasis en la formación y desarrollo de habilidades. Se coloca una prima mayor en la colocación de las personas "competentes" en las ranuras correctas para que el rendimiento de la iglesia se guíe por expertos probados.

Jesús escogió como sus líderes principales hombres que no eran "competentes" en el sentido habitual. Peter, cuyo sermón en Pentecostés revolvió la ciudad de Jerusalén, fue elegido como un pescador galileo relativamente inarticulado. Tal como reveladora fue la elección de Jesús a Judas, su eventual traidor. ¿Qué llevó a Jesús a seleccionar estos "incompetentes", como sus aliados? Encontramos en Juan 2:23-25 ​​esta observación: "porque él conocía a todos,... porque él sabía lo que había en el hombre."

La iglesia saludable tiene plena confianza en la provisión de Dios. Dios puede y usa a la gente con talento. Pero la habilidad de Dios para trabajar a través de una iglesia no depende sólo de la habilidad o competencia disponibles, sino también en la fe. No debemos olvidar nunca que la  voluntad primordial de Dios es revelarse a sí mismo, no para mostrar los talentos de sus hijos espirituales.