ENGRANDECER TU VISIÓN
LECCIÓN 3
MÁS ALLÁ DE LO ORDINARIO
2 Reyes 5:1-3,
8-14
Un hombre visitaba un pequeño pueblo y conversaba
con el alcalde. Le preguntó: "¿Han nacido alguna vez en esta ciudad
personas importantes o famosas?". El alcalde respondió: "No, en esta
ciudad solo nacen bebés ordinarios. Pero ha habido algunos que han alcanzado la
grandeza".
Dentro del corazón de cada hombre y mujer que Dios
ha creado reside un mundo ilimitado de posibilidades. Cuando Dios crea, lo hace
bien. Cuando Dios te creó, te creó bien y con un gran potencial. Los expertos
afirman que la mayoría de las personas usan aproximadamente el 5% de su
cerebro. El 95% restante permanece sin usar durante la vida de una persona normal.
¡Gran potencial, poco o ningún resultado! La gente común vive vidas comunes,
hace cosas comunes y mueren muertes comunes, sin cambios ni alteraciones. ¡Qué
aburrido!
Una de las razones por las que Dios no quiere que
seamos gente común es porque a nadie le interesa seguir a personas comunes. La
gente no presta mucha atención a lo común. La prensa no escribe sobre lo común.
No se escriben libros sobre lo común. No se hacen películas sobre lo común.
Jesús dijo que debemos ser la sal de la tierra. En otras palabras, debemos
añadir sabor, ser diferentes e ir más allá de lo común. Lo común, como diría
Jesús, es como la sal que ha perdido su sabor.
Una de las peores cosas que pueden pasar en la vida
sería estar en tu lecho de muerte y darte cuenta de que no has hecho ninguna diferencia
en la vida de nadie. Dios desea llevarte más allá de lo común. No hace mucho,
alguien me preguntó: “Hermano, has pasado por tantas cosas a lo largo de los
años, ¿alguna vez has considerado conformarte con lo que Dios ha hecho a través
de ti en tus 50 años de ministerio, y jubilarte para vivir como una persona ordinario?
DIOS
QUIERE LLEVARTE MÁS ALLÁ DE LO ORDINARIO, A LO EXCEPCIONAL:
En tiempos bíblicos, la lepra era una enfermedad
mortal que asolaba a muchos. La regla general era que quien la contraía moría.
Naamán fue la excepción. Era comandante del ejército (líder) y servía al rey de
Aram (bajo mando). Estaba en una posición de liderazgo y también bajo el mando
de otros. Algo parecido a lo que nos sucede a nosotros. Siempre habrá áreas en
nuestra vida donde necesitemos ser líderes y otras donde debamos estar bajo el
mando de otros. Una de las primeras cosas que nos llevará más allá de lo
ordinario, a lo excepcional, es la combinación de nuestra capacidad para
liderar y seguir. Cuando Jesús se dispuso a enseñar sobre liderazgo, tomó una
toalla y comenzó a lavar los pies de sus discípulos. Aunque tenía todo el poder
en el cielo y en la tierra para mover montañas y realizar milagros, comenzó
sirviendo.
Lo opuesto a ser un siervo es ser perezoso. Algo que
a menudo olvidamos es que ninguno de los discípulos era perezoso. Eran
pescadores, un recaudador de impuestos, etc. He oído a gente decir: "Estoy
esperando a que Dios me abra las puertas para poder hacer algo por Él".
Les digo: "Bueno, ¿estás listo para ponerte manos a la obra y empezar a
servir en las pequeñas cosas?" "Oh, no, estoy esperando a Dios".
Lo que he descubierto es que Dios no llama a los perezosos. Espera hasta que
estés en medio de servirle en las pequeñas cosas. Nos interrumpe, nos perturba,
llama a la gente ocupada y te lleva de aquí para allá. Llama a la gente de
acción. Aquellos que están al mando sobre ti son los que realmente pueden decir
si eres fiel o no. Naamán tenía el respeto de quienes estaban por encima de él.
Cuando tus superiores te tengan en alta estima dice mucho; tu testimonio vale
más que tu dinero. En el ámbito laboral actual, muchas personas harían
cualquier cosa por dinero, por un aumento o por un ascenso, incluso a costa de
sacrificar su testimonio. Pero todo el dinero del mundo no puede comprar la
integridad. Naamán era un hombre valiente; se mantenía firme y decidido al
luchar por lo que es correcto.
DIOS
QUIERE LLEVARTE DE LO ORDINARIO A LO EXTRAORDINARIO:
Si aspiras a ser extraordinario, debes rodearte de
personas extraordinarias. Necesitas caminar junto a alguien que te desafíe.
Debemos examinar nuestra hambre espiritual: ¿tienes hambre de hacer más por
Dios o te sientes satisfecho? También debemos evaluar nuestra pasión: ¿está tu
corazón realmente puesto en las cosas de Dios?
Para llegar a ser extraordinario, primero debes
superar grandes obstáculos. Naamán era un hombre formidable. La nación entera
había sido librada gracias a él. Era un hombre valeroso y poderoso; fuerte,
grande e impresionante. Era un hombre de guerra, capitán del ejército. La gente
lo admiraba. Sabía cómo triunfar y poseía integridad, prestigio, capacidad y tenia
capacidad administrativa; sabía liderar, pero tenía lepra. Bajo aquella
imponente armadura, se ocultaba un hombre consumido por la enfermedad.
En el camino de lo ordinario a lo extraordinario,
siempre encontrarás un gran obstáculo. No puedes cruzar ese puente sin antes
vencer una dificultad mayor. Las pruebas son el medio que te conduce a niveles
superiores de fe en Dios. No existe nadie que haya logrado éxitos extraordinarios
en la vida sin haber pasado por grandes adversidades.
Job perdió todo lo que tenía y fue abandonado por las
personas más cercanas a él. Abraham estuvo dispuesto a sacrificar al hijo de la
promesa. José fue vendido como esclavo y rechazado por su propia familia.
Daniel fue arrojado al foso de los leones. Sadrac, Mesac y Abed-nego fueron
echados a un horno de fuego. Sin pruebas, eres una persona ordinaria; ¡las
pruebas te moldean, te transforman y te distinguen de los demás!
Naamán era grande y poderoso, pero tenía lepra.
Puede que la gente te vea como una persona de gran potencial, pero luego añade
un “pero” que actúa como reserva. Es un gran hombre, pero es inseguro. Es una
gran mujer, pero habla demasiado. Es un gran líder, pero no sabe seguir a
otros. Es una mujer de gran fe, pero no logra llevarse bien con los demás.
No nos gusta que la gente hable de nuestros
obstáculos; por eso nos ponemos cascos y corazas para ocultarlos. Naamán tenía
un obstáculo importante: hasta ese momento, nadie había sido sanado de lepra.
Dios quiere hacerte extraordinario. Por eso, a veces te colocará en una
situación de la que nadie antes ha logrado salir.
DIOS
QUIERE LLEVARTE MÁS ALLÁ DE LO ORDINARIO HACIA LA UNCIÓN: (2
Reyes 5:10-14)
1.
Naamán era un gran hombre y un gran líder, pero Dios quería convertirlo en un
líder ungido.
2.
La unción fluye desde la cabeza hacia abajo. No eres verdaderamente grande
hasta que Dios pone Su unción sobre ti.
3.
La visión no es nuestra; es la visión que Dios tiene para nosotros. Dios quiere
hacer grandes cosas a través de nosotros. Dios quiere llevarnos más allá del
éxito hacia la significancia. Dios quiere llevarnos más allá de la provisión
hacia la posesión. Dios quiere llevarnos más allá de lo ordinario hacia la
unción.
4.
Son asombrosos los planes que Dios tiene para su Iglesia y para cada uno de
nosotros. Es increíble la forma en que Dios dispone todo en su lugar,
utilizando a personas con diferentes dones y habilidades para que encajen en el
gran rompecabezas.
LA
UNIDAD TRAE UNCIÓN: (Salmo 133:1, 2)
Al observar la historia de Naamán, veo trabajo en
equipo. Primero, Dios usó a la criada de la esposa de Naamán para sugerir que
él fuera a ver al profeta en Samaria. Y luego (v. 13), los siervos de Naamán
acudieron a él y le instaron a hacer lo que el profeta había dicho. A veces,
solo necesitamos una pequeña palabra de ánimo para hacer aquello que nos
corresponde. Eso fue lo que los siervos hicieron por Naamán. A esto lo llamo
trabajo en equipo, y el trabajo en equipo trae unción.
Puede que algunos de ustedes sientan que su don
espiritual es el de ayuda, realizando labores entre bastidores. Quizás piensen
que ese papel carece de importancia, pero no es así. Su función en la expansión
de la visión es de vital importancia.
He aprendido que, si quieres que Dios te use
poderosamente, debes rodearte de hombres y mujeres de gran fe, deseosos de
alcanzar un nivel superior; personas que te amen y crean en ti a pesar de los
obstáculos. La criada de la esposa de Naamán vio el defecto de Naamán y, aun
así, creyó en él. Vio su lepra y siguió creyendo que Dios lo usaría. No
llegarás muy lejos si trabajas con personas que, ante los problemas, salen
corriendo. ¡La unción requiere humildad!

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