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EDUCATION: Holt High School, Holt Mich., Lansing Community College, Southwestern Theological Seminary, National Apostolic Bible College. MINISTERIAL EXPERIENCE:61 years of pastoral experience, 11 churches in Arizona, New Mexico and Florida. Missionary work in Costa Rica. Bishop of the Districts of New Mexico and Florida for the Apostolic Assembly. Taught at the Apostolic Bible College of Florida and the Apostolic Bible College of Arizona. Served as President of the Florida Apostolic Bible College. Served as Secretary of Education in Arizona and New Mexico.EDUCACIÓN:Holt High School, Holt Michigan, Lansing Community College, Seminario Teológico Southwestern, Colegio Bíblico Nacional. EXPERIENCIA MINISTERIAL:51 años de experiencia pastoral, 11 iglesias en los estados de Arizona, Nuevo México y la Florida. Trabajo misionera en Costa Rica. Obispo de la Asamblea Apostólica en los distritos de Nuevo México y La Florida. He enseñado en el Colegio Bíblico Apostólico de la Florida y el Colegio Bíblico Apostólico de Arizona. Presidente del Colegio Bíblico de la Florida. Secretario de Educación en los distritos de Nuevo México y Arizona.

Wednesday, April 1, 2026

¿DICE ALGO LA BIBLIA SOBRE LOS TERIANOS?

Romanos 1:22-28

Esto no es meramente una moda; es una cuestión profunda de identidad. Miles de personas, especialmente jóvenes, están hablando sobre esta práctica. Usan máscaras, imitan movimientos de animales y afirman que, internamente, se identifican como lobos, gatos, perros o algún otro animal.

Esta moda no es del todo nueva: el término “teriantropía” tiene raíces históricas y se ha utilizado durante décadas para describir conceptos de identificación con animales. Sin embargo, la explosión de videos en el internet la ha expuesto a una audiencia mucho más amplia de adolescentes que la ven como una forma de identidad, pertenencia y autoexpresión.

Una pregunta específica ha comenzado a circular entre los creyentes cristianos: ¿aparecen los terianos en la Biblia? La respuesta, basada en el análisis teológico e histórico, es clara: “no”. No existe ninguna mención directa de los terianos en las Escrituras, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento. El debate, sin embargo, ha cobrado fuerza debido a una coincidencia lingüística que ha generado confusión.

Algunos han vinculado la palabra “teriano” con el término griego θηρίον (therion”, que aparece en el Libro del Apocalipsis. En ese texto, la palabra se traduce como “bestia” y se utiliza en un contexto simbólico para describir figuras asociadas con el mal, tales como la bestia que sube del mar y la bestia que emerge de la tierra.

En el capítulo 13, el texto emplea “therion” para representar poderes opuestos a Dios, utilizando un lenguaje profundamente simbólico y apocalíptico. Sin embargo, esta coincidencia etimológica no implica conexión alguna con la tendencia contemporánea de los terianos. Aunque las palabras suenan similares, no se refieren a lo mismo, ni pertenecen al mismo contexto histórico o doctrinal.

El término “teriano” deriva de “teriantropía” y se utiliza para describir a individuos que sienten una profunda identificación psicológica o espiritual con un animal no humano, ya sea a nivel emocional, simbólico o espiritual. No implica una transformación física ni una doctrina religiosa, sino más bien una experiencia interna de identidad. Por lo tanto, desde una perspectiva estrictamente bíblica, no existe referencia directa ni indirecta a este concepto. ¿Se mencionan los terianos en la Biblia? No. El término “therian” es moderno y no forma parte de los textos bíblicos.

Muchos de los que participan en esta moda hablan de un “viaje” personal. Su objetivo, dicen, es descubrir su “verdadera identidad”, conectar con su “teriotipo” y sentirse más auténticos. Para algunos, es una búsqueda de libertad emocional; para otros, una forma de escapar de la presión social, la ansiedad o el rechazo. Es un intento de encontrar identidad y sentido en un mundo donde muchos sienten que no encajan.

Esta práctica no trata realmente sobre los animales; trata sobre la identidad. Cuando una generación comienza a cuestionarse seriamente si es humana, algo más profundo se ha roto en su interior. La Biblia comienza con una declaración firme que no cambia con las modas: “Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó” (Génesis 1:27). Esto significa que tu identidad no emana de cómo te sientes. No proviene de una moda. No se origina en una emoción intensa, proviene de Dios.

El problema no es admirar la naturaleza; Dios creó a los animales y los llamó buenos. El problema comienza cuando el corazón humano empieza a buscar en la criatura aquello que solo puede hallarse en el Creador. ¡Esto no es nada nuevo! La Biblia nos habla del rey Nabucodonosor. Se llenó tanto de orgullo que olvidó quién era ante Dios. El juicio fue severo: vivió como un animal, comiendo hierba, despojado de su razón humana (Daniel 4). No fue evolución; fue degradación. Y su restauración llegó cuando alzó sus ojos hacia el cielo y reconoció a Dios.

Cuando un ser humano se desconecta de Dios, se pierde la claridad. Cuando uno se reconecta con Dios, se restaura la razón. El mundo está confundido porque ha apartado a Dios de sus vidas. Cuando se aparta a Dios, todo se redefine. La verdad se redefine. La humanidad se redefine. La identidad se redefine. Pero Dios no cambia.

Está científicamente comprobado que los seres humanos pueden sufrir una degradación mental. Podemos provocar que nuestros cerebros se atrofien, dañar nuestras neuronas y destruir nuestras conexiones neuronales; podemos disminuir nuestra capacidad cognitiva e incluso perder nuestra memoria, nuestro razonamiento, nuestra lógica y hasta nuestro lenguaje.

Cuando una persona decide ser un animal, comportarse como tal y comenzar a vivir de una manera impulsiva y desordenada, reconfigura su cerebro, fortaleciendo sus instintos a la vez que debilita su racionalidad. La racionalidad es, precisamente, lo que nos hace humanos y nos distingue de los animales. Y cuando ocurre esta reconfiguración, el lóbulo frontal resulta dañado; y es precisamente en el lóbulo frontal del cerebro donde residen el pensamiento, la lógica, el juicio, el sentido común y la conciencia. Imagine ser, un día, un perro, pero sin saber que es un perro debido a que carece de autoconciencia. Tal persona dejará de ser un ser humano racional para convertirse en un ser instintivo. Dejará de limitarse a fingir ser un terián o un animal para convertirse, verdaderamente, en un animal; pues habrá dañado su lóbulo frontal, destruido sus neuronas y, en efecto, dado esta instrucción a su cerebro: “Compórtate como un animal”.

Romanos 1:23 afirma: “Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen semejante a la de un hombre corruptible, a la de aves, a la de bestias de cuatro patas y a la de reptiles. Por lo tanto, Dios los entregó, conforme a los deseos de sus corazones, a la impureza, para que deshonraran sus propios cuerpos entre sí”. La palabra griega para “impureza” es “akatharsia”, la cual denota una corrupción profunda e interna. Algo se corrompe cuando pierde su calidad y su valor, cuando se degrada, descendiendo de un nivel humano a uno animal; busca corromper su propia naturaleza humana. La palabra “lujuria” (concupiscencia) denota un deseo desenfrenado, un anhelo que destruye (Romanos 1:22-28).

 

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